| POEMAS DE LA CANCIÓN DEL ANTÍLOPE |
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| © Pre-Textos, Valencia, 2003 | |||
Se abre la veda, antílope. Un camastro baldío tu horizonte. Irás muy pronto en busca de instrumentos con que golpear el roto tambor de las preguntas sin respuesta. Entre los automóviles intentas protegerte de este viento filoso que hace temblar, girar el arañado plato de la luna. Han abierto la veda; la catedral castiga las campanas. Sus ecos permanecen en las mentes de quienes se han perdido entre las luces de una ciudad que brilla como un sanatorio de emergencias. * La leve guillotina de un minuto que caerecorta una fracción de luz enrojecida. No habrá noche. Tampoco aves oscuras. Será siempre esta hora paciente, indefinida. Sólo las cosas, los objetos pequeños de la casa, su absorbida belleza, el pulso que transmiten, su acaso extravagante sencillez, te gobiernan y son cuanto tú sabes. Te aplicas a olvidar y lo consigues. No escucharás el sueño que perfore tu sien como una avispa. * El talante del día, tan ocioso, invita más a estarque a ser. El viento lleva hojas, quisiera barajarlas, a algunas las aquieta, a otras las escoge para un vuelo fugaz hasta el cristal de una puerta cerrada. El silencio desmiente el movimiento. Dormirías tal vez, si no fuera cansado dejar de abrir los ojos para que se te colmen... Algo hay de oro gastado en cualquier día y en toda paz, otoño: el tiempo es la belleza resistiendo, a punto de marcharse, en fuga ya. Un hilo iluminado transita por tu acera. Se van de ti las hojas, oscurece. * Te pesan las costillas y la nuca
volcado por el gesto de un soldado al que asombra |
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