2005-03-23
Aira (2)
Aira (2)
Andrés Neuman

Ignoro si Aira es el gran hito de las letras argentinas de fin de siglo, como insisten sus devotos; pero escribe bastante mejor que muchos de sus detractores. Partidario de << la locura latente en la normalidad >>, capaz de cosechar el mayor de los prestigios académicos y de suscribir las boutades más peregrinas, César Aira es una especie de Duchamp proletario que va derribando tótems para levantar otros. Pese a su animadversión hacia Cortázar, su concepto lúdico y tentativo de la escritura le debe algo al perseguidor Julio.

Autor de magníficos ensayos, entre sus novelas destacan ‘Emma, la cautiva’, ‘Cómo me hice monja’ o ‘La liebre’. Sin embargo, me gustaría referirme a un título publicado hace poco más de un año: ‘El Tilo’. Este breve libro cuenta en clave autobiográfica las iniciaciones del niño de provincia que pudo haber sido Aira y ya no es Aira. Lo más admirable es la naturalidad con que el narrador entra y sale de la lógica infantil, o cómo la traduce a un lenguaje adulto pero no menos asombrado. Al final del relato, la modesta y bella revelación del árbol nos devuelve al presente, nos da una idea de la altura de la memoria y nos deja una extraña sensación de orfandad.

La historia de ‘El Tilo’ avanza junto con su escritura: lo de Aira no es una obra en marcha, sino un escribir en marcha. Su estilo dibuja una línea morosa, improvisada, funámbula. Cada gesto del libro admite planos de comprensión distintos; quizá por eso Aira a algunos les parezca misteriosamente complejo, y a otros de una trivialidad inaceptable. ‘El Tilo’ es un libro tan sencillo como curioso. Tiene estructura de cuento clásico y, a la vez, su desarrollo es digresivo, de novela posmoderna. Ahí reside su discreto virtuosismo.

Sin proponérselo formalmente, ‘El Tilo’ es también una lúcida indagación sobre el origen y la naturaleza del peronismo. Quizá la cima del libro sea la mínima anécdota que, protagonizada por dos hermanos y un tenedor, se erige en sorprendente alegoría política. Así es Aira: todo elementalidad o todo alegoría, según se mire. Alguien capaz de disertar sobre una coma. Alguien que guarda las palabras en cajas chinas. Alguien que manipula << con infinita perplejidad objetos de los que no sé ni entiendo nada, por ejemplos los recuerdos >>.