2007-02-21
¿Nosotros quiénes? (el femenino y la gramática)
¿Nosotros quiénes?
Andrés Neuman


Joseba Azkárraga, consejero de justicia del gobierno vasco (voto por escribir cargos e instituciones en minúsculas), pronunció hace poco la siguiente frase: «cada uno de nosotros y cada una de nosotras». La escritora, periodista y filóloga Irene Lozano le dedicó un fogoso artículo a dicha frase, deplorándola por incurrir en «algo más grave que un error gramatical: un error lógico». Aunque la perífrasis del consejero no entrará en los anales de la destreza oral, me interesa analizar las objeciones de Lozano. Argumentaba la autora que, desde los orígenes de la lengua española, el empleo del pronombre ‘nosotras’ había implicado siempre la pertenencia al sexo femenino. Y que por eso sus hablantes tenemos interiorizada la imposibilidad de «pronunciar nosotras si se es varón», regla que «aplican bien hasta los analfabetos».

Uno comprende la rebeldía de la autora ante determinadas modas ultracorrectas. Por lo demás, el señor consejero y su partido me importan un pimiento. Ahora bien, no creo que Azkárraga cometiese un error lógico, sino apenas estilístico. Él no hablaba en una primera persona íntima o subjetiva, sino como portavoz simbólico de una ciudadanía compuesta por hombres y mujeres, con quienes un político tiene hoy la obligación de identificarse por igual. Sería insostenible que un hombre dijera sólo ‘nosotras’. Pero si ese hombre es un representante público, y dice ‘nosotras’ a continuación de ‘nosotros’, está tomando la palabra en nombre de ambos géneros y subrayando esa intención mediante el uso complementario del femenino. Que una norma lingüística lleve siglos intacta no la exime de evolucionar: si los mecanismos de identificación colectiva están cambiando, es lógico que ciertos aspectos gramaticales relacionados con el género se modifiquen. Se trata de un dilema sociolingüístico que llevará su tiempo resolver y normalizar. Opino que la respuesta más acertada y moderna pasaría por adaptarse al cambio de mentalidad, sin perder los principios de economía y elegancia. Sería preferible emplear síntesis mixtas como ‘todos, todas queremos’ o ‘cada ciudadano y ciudadana de Euskadi’, antes que duplicar continuamente estructuras sintácticas enteras (‘cada ciudadano vasco y cada ciudadana vasca’). Bien elegidas, las fórmulas que hoy suenen extrañas mañana parecerán naturales.

Existen tantas mujeres hartas de la feminización lingüística como hombres sensibles ante ese fenómeno, señal de que la voluntad crítica sobrevive. Quizás expresarse bien en un idioma no consista en rechazar las evoluciones masivas de su uso, sino en saber captarlas y apropiarse de ellas preservando la precisión y el buen gusto.