2009-01-10
El antólogo pésimo y el antologado insufrible
ANDRÉS NEUMAN



Manual del
antólogo pésimo


1. Como el tiempo nunca nos sobra y el dinero ya ni digamos, mi antología se limitará a ser una antología de las antologías preexistentes. Bien lo dice el refranero popular, que es un pozo de sabidurías literarias: el que desantologue a los antólogos, buen antologador será.


2. Procuraré antologar a generaciones anteriores a la mía, por razones lógicas y filológicas. Las filológicas son que ya habrá un campo de investigación abierto, que la obra de los candidatos estará en su madurez y que existirá una comunidad lectora de esos autores. Las lógicas son que los antologados tendrán mucho más poder para hacerme toda clase de favores. Y, si hay alguna justicia en este mundo, que tarde o temprano ellos me antologarán a mí en antologías más importantes.


3. Respetando una costumbre milenaria, no leeré a demasiadas autoras. Ya se sabe que ellas están acostumbradas a estar en minoría, y si uno no las incluye se enfadan mucho menos que ellos. Me conformaré con seleccionar a dos o tres amigas y, para guardar debidamente las formas, le pediré a cada una de ellas que a su vez me recomiende a alguna autora más, por si me he perdido algo.


4. Si la antología es española, dedicaré el 75 por ciento del volumen a autores residentes en la capital del reino, lo cual es demográficamente natural, y además tengo una tía que vive en Atocha. En cuanto al 25 por ciento restante, dividiré el mapa del país por puntos cardinales, comunidades, regiones, provincias, ciudades y apartados postales. Trazaré líneas verticales y horizontales, incluyendo a un autor equidistantemente cada siete recuadros. En caso de duda, les daré prioridad a las zonas turísticas o en trámite de negociar su estatuto de autonomía.


5. Seleccionaré sin excepción a todos los autores de éxito de la editorial que vaya a publicar mi antología. Si la editorial en cuestión no tiene autores de éxito, lo cual es altamente probable, seré sabio y elegiré a los autores de éxito de las editoriales donde yo mismo desee ser publicado en un futuro próximo.


6. Redactaré un prólogo extenso en el que citaré, uno por uno, a aquellos críticos literarios que más probabilidades tengan de reseñar el libro. Si esto me ocasionara un conflicto de conciencia (es decir: si dos o más de estos críticos literarios se llevasen mal entre ellos y detestasen ver sus nombres reunidos en un mismo texto), tendré una crisis creativa y abandonaré la escritura.




Manual del
antologado insufrible


1. Citaré en mis biografías literarias todas las antologías, desde las nacionales a las barriales, desde las universitarias a las profesionales, pasando por las municipales y las escolares, en las que haya sido incluido desde la fecha de mi nacimiento hasta la actualidad. Haré constar el título completo de las mismas, su fecha de edición y el autor de la selección, en caso de no ser yo mismo.


2. Odiaré sin descanso a cualquier crítico, profesor, periodista o colega que tenga la ocurrencia arbitraria, inicua y corrupta de no antologarme precisamente a mí, que soy el talento incomprendido de mi generación.


3. Juraré lealtad eterna, amistad sincera y defensa pública, sin excluir la extorsión ni las armas de fuego, a todos aquellos antólogos que hayan tenido la honestidad estética de reconocer mi calidad en medio de este entorno cada vez más mediático y mercantil.


4. En cuanto reciba mis ejemplares correspondientes de la antología en cuestión, si es que me mandan ejemplares y si es que Correos y Telégrafos funciona, lo primero que haré será leerme a mí mismo repetidas veces, en voz bien alta y preferentemente asomado a un balcón amplio. Si no dispongo de balcón, procuraré agenciarme un podio olímpico y un altavoz a pilas. Si algún colega me reprochase esta actitud, apartaré tranquilamente la vista de mis textos y responderé que estoy buscando erratas.


5. Como es natural, no leeré a mis compañeros de antología por falta de tiempo, exceptuando aquellos casos en los que sospeche que sus textos podrían aludir a mi persona o a mi obra. Asimismo, solicitaré a la editorial el prólogo en formato doc o pdf, con el pretexto ejemplar de estudiarlo a conciencia y con el propósito real de introducir inmediatamente mi apellido en el buscador del programa.


6. Hablaré maravillas de mi generación en todas las entrevistas que me hagan con ocasión de la publicación de la antología, si es que hubiera alguna entrevista, y siempre y cuando a esa hora no tenga turno con mi psicoanalista, ni me asalten estas ganas terribles que me dan últimamente de echarme a llorar sin saber muy bien por qué.