2011-06-11
Machitos ilustrados (2)
ANDRÉS NEUMAN



Los escritores hombres heredamos una doble laguna. En general nos cuesta construir personajes femeninos que superen los estereotipos. E, inevitablemente, hemos leído a menos autoras. Nuestra visión del mundo queda así reducida a la confirmación de nuestro propio género. El conflicto de las escritoras, que cargan con demostrables discriminaciones históricas, es otro. Desarrollan su identidad como mujeres mientras se educan en toda clase de perspectivas masculinas. Esta contradicción suele propiciar, a la fuerza, una mayor complejidad ideológica y psicológica. Lo cual difiere bastante de la supuesta superioridad de la inteligencia femenina, tópico paternalista que suscribirán pocas mujeres inteligentes.

Por muchos avances que se hayan hecho, resulta evidente que la igualdad de género aún está lejos de conseguirse. Y lejos también, entonces, de ser un tema prescindible o meramente parodiable. Basta leer libros, ver películas, atender a los medios u observar a nuestros compañeros de trabajo. Despreciar el enfoque de género tiene poco de atrevimiento: más bien parece un disimulo o una autoafirmación temerosa. Sería un grave error identificar la corrección política, que es acrítica por definición, con las conquistas sociales (y por tanto simbólicas, lingüísticas, semióticas) que el feminismo ha logrado. La incorrección política adquiere su sentido como resistencia frente a un pensamiento hegemónico. Pero la hegemonía cultural sigue siendo, en gran medida, patriarcal. En ese contexto, confundir la libertad de expresión con el insulto misógino sólo es posible desde una mezcla de adolescencia y reaccionarismo.

Algunos intelectuales encuentran cualquier discusión política más digna de interés que el feminismo. Quizá no adviertan que se trata de un pensamiento político de primer orden. Y que, a diferencia de otros, propone revoluciones que todavía no se han intentado de manera colectiva. El tiempo envejecerá a esos machitos ilustrados como a los virreyes, los hidalgos o los arzobispos.