2011-05-13
Machitos ilustrados
ANDRÉS NEUMAN



Muchos escritores que se consideran interesados en las relaciones entre escritura y política tienen algo en común: jamás indagan en el pensamiento de género. Su discurso admite toda clase de reflexiones poscoloniales, revisiones históricas, desmontajes del mercado literario, análisis sociológicos de la tecnología. Pero suele callar, o salir corriendo, o reaccionar con furia, ante cualquier planteamiento feminista. Su escritura omite de entrada las relaciones entre ficción y patriarcado, entre las transformaciones de los roles de género y sus tensiones en los personajes o el punto de vista narrativo.

Muchos escritores que se consideran militantemente posmodernos mantienen una actitud similar. Son capaces de fascinarse (y con razón) ante el cambio de paradigma que traen las pantallas, de experimentar con estructuras audiovisuales, de reinterpretar el lenguaje en clave pop. Pero el pensamiento de género, ni mencionarlo. Lo curioso es que, si uno admira a David Foster Wallace, debiera recordar su memorable ensayo en Hablemos de langostas, dedicado a quienes él denominaba los Grandes Narcisistas Masculinos: Mailer, Updike, Roth y sus epígonos. ¿Ese posmodernismo no nos interesa? ¿O esa parte del libro no la leímos?

Más allá de su especificidad teórica, el pensamiento de género (parece mentira tener que decirlo) concierne a mujeres y hombres. Y afecta por igual al modo en que conforman su autoimagen y proyectan su identidad, cuya faceta de género es tan sometible a crítica como la política o la estética. El feminismo nada tiene que ver con una presunta concesión que se les hace a las mujeres. El feminismo es también, en su aplicación siglo 21, una vía de autoconocimiento masculino. De liberación íntima. Y una forma de profundizar en la escritura. Así como la idea de identidad nacional aplicada a la cultura entró en crisis hace tiempo, la postura del machito ilustrado en la literatura nos va a dejar a todos en calzoncillos, si seguimos fingiendo que esto es un tema de mujeres.