2010-04-10
El autor, el fantasma y Polanski
ANDRÉS NEUMAN



Acabo de ver en Madrid la nueva película de Polanski, The Ghost Writer. Cuyo título, curiosamente, causa problemas literarios.

La novela del superventas Robert Harris que adapta el guión, y que no he tenido el tedio de leer, se tradujo con el título El poder en la sombra. Una alternativa habría sido El escritor en la sombra, si no sonara tan cursi como un rimador frente a la luna llena. A los ghostwriters los llaman, con poca fortuna, «negros» o «negros literarios». No todo el mundo conoce esos términos editoriales y, descontextualizados en la cartelera, habrían propiciado preocupantes confusiones. Tampoco sé si titularla El escritor, como se ha hecho en España, era la mejor idea. Un ghostwriter es la cara oculta de un escritor, su voz a sueldo. Matiz importante en una historia sobre el ventrilocuismo de la política. Si existen fuerzas ocultas que articulan el poder, hay individuos ocultos que mueven la escritura: según escritoresporencargo.com, el 60% de los libros está escrito o revisado por ghostwriters. Traducir literalmente el título, El escritor fantasma, tampoco habría sido la solución. Además de desviar su contenido hacia una historia de terror, quizás habría sido redundante. En el fondo todo autor es fantasmagórico: está y no está, habla y es invisible, mueve objetos sin que nadie se dé cuenta.

Los ghostwriters disuelven la noción de autoría, por razones distintas a las de los laboratorios universitarios. Su profesión es esa: desaparecer. Hacer hablar a otros. Incluyendo al autor, el último de sus personajes. Los ghostwriters trasladan a la praxis los discursos de Blanchot o Vila-Matas. Es decir, renuncian al prestigio. Entregan el mayor de nuestros fetiches románticos, el arte propio, a cambio del mayor de los capitales activos, el dinero ajeno. Son, por así decirlo, vanguardistas mercenarios.

¿Y la película de Polanski? Ah. Más o menos. Me interesó cómo consigue ser metaliteraria sin hablar de literatura. Un narrador se ve envuelto en una novela real, se convierte en su protagonista, y se juega la vida para saber cómo termina. A lo mejor tendría que haberse titulado El lector.