2010-02-13
Tradúzcamelo
ANDRÉS NEUMAN



Leo una interesante conversación que publicó Babelia entre Javier Cercas, Almudena Grandes y Agustín Fernández Mallo. Si bien (afortunadamente) discreparon bastante en sus interpretaciones sobre la historia española, la influencia latinoamericana o el fantasma onanista de la posmodernidad, los tres coincidieron en un mismo silencio. Todos hablaron de la lengua común. Pero ninguno habló de las traducciones.

Se cita a menudo la borgeana metáfora de Carlos Fuentes sobre el territorio de La Mancha y sus 400 millones de hablantes. Esa mancha tendría que impregnarnos, teñir de norte a sur nuestras ropas. Durante varias décadas hubo una escuela de traductores argentinos que traducía para el mundo hispanohablante. Por motivos de industria cultural, hoy España está cumpliendo esa función. Para hacerlo satisfactoriamente, necesita desautomatizar su dialecto y pensar el idioma de manera fronteriza. Una cosa es el derecho literario a emplear una jerga nacional, sea cual sea, y otra muy distinta es pretender que los lectores de otros países se identifiquen con esa jerga. Y que paguen por ella.

Varias generaciones de escritores españoles se educaron leyendo traducciones latinoamericanas. Más que una voluntad cultural, fue una consecuencia forzosa de las prohibiciones franquistas. Hoy las editoriales publican a muchos escritores latinoamericanos, pero rara vez contratan traducciones hechas en Latinoamérica. Esto demuestra que en España, pese a las buenas intenciones de Cercas o Grandes, el modelo de lector en castellano sigue siendo peninsular.

Diccionarios y academias ya son, o intentan ser, panhispánicos. Reconocen diferencias y buscan territorios comunes. Sin un concepto panhispánico de la traducción, la lengua compartida y el diálogo entre orillas serán sólo quimeras diplomáticas. Para traducir al español la literatura mundial hace falta moldear el oído en el vocabulario de los distintos países que hablan nuestro idioma. Aprender las variantes, atesorar las coincidencias. Cuando se mete en otras bocas, la Madre Lengua puede tener coño, concha o chucha. Pero siempre tendrá vagina.