2007-05-19
La realidad virtual (fútbol invisible en Argentina)
ANDRÉS NEUMAN



Durante mi reciente viaje a Argentina me llamó la atención una insólita novedad. Resulta que allí, en los últimos tiempos, los grandes partidos de fútbol se televisan de dos maneras: en una se ve el partido, y en la otra no. En un canal (TyC Sports) las cámaras enfocan el terreno de juego, y en el otro canal (Fox) sólo enfocan las gradas. En el primero pagas por ver a los jugadores, y en el segundo te conformas contemplando a los hinchas. Lo asombroso es que son muchos los que, a falta de la realidad concreta del partido, se quedan hipnotizados en los bares imaginando su desarrollo virtual en las caras de los aficionados de su equipo. Ellos son el espejo del partido que no ven, y en el fondo también su propio espejo. Puede decirse entonces que los aficionados argentinos han logrado una proeza impensable: sustituir al espectáculo al que asisten, televisarse a sí mismos con ocasión del partido. Si en la política nacional sucediera lo mismo con los ciudadanos, otros goles cantarían en el país.

Un domingo de abril de Boca–River, asistí en un bar a la perplejidad de los turistas extranjeros, que miraban fijamente el televisor esperando que en algún momento las cámaras mostrasen ese partido que rugía, cantaba y corría fuera de la pantalla. Durante una hora y media vi pasar por la mesas a franceses, mexicanos y por supuesto japoneses. Todos entraban atraídos por el sonido ambiente del estadio, se sentaban interesadísimos, pedían una bebida y al cabo de unos minutos comenzaban a mirar a su alrededor, incómodos. Escrutaban las caras de los otros parroquianos, tratando de leer en sus caras qué demonios era lo que miraban con tanta atención. A mí me pareció un momento de gozo indescriptible: yo contemplaba divertido a los turistas extranjeros, ellos observaban cada vez más confundidos a los parroquianos del bar, estos miraban la pantalla, y en la pantalla miles de caras desconocidas miraban el partido que nosotros no podíamos ver. El lector de esta escena de espionajes múltiples se sitúa a mis espaldas y continúa la cadena.

Más allá del absurdo, esta manera argentina de seguir por la tele partidos invisibles me hace pensar seriamente en la creatividad y el voluntarismo latinoamericanos. ¿Triunfarían aquí semejantes emisiones? ¿Aceptaríamos como espectadores un recorte tan drástico? ¿Nos conformaríamos con la cáscara de las imágenes? ¿Seríamos capaces de sentirnos visualmente incluidos en esa exclusión? ¿Y seríamos capaces de inventar el resto?

Los ciudadanos somos, cada vez más, televidentes de la realidad. Y, en tiempos de elecciones, los electores somos tratados (y nosotros asumimos ese rol) como consumidores de promesas, compradores de programas. Echamos un vistazo al escaparate de marcas políticas, a la oferta deportiva de los grandes clubes, y luego nos probamos una camiseta de domingo. Lo más raro es que muchos, a pesar de que nunca les han dejado participar del partido, tienden a elegir siempre la misma marca, los mismos colores, el mismo punto de vista cada vez que hay algo en juego. Eso sí es una lástima, porque uno cree cada vez más en los equipos pequeños y en los resultados sorpresa. Toda realidad es virtual mientras no se demuestre lo contrario. Y, muy de vez en cuando, el mando a distancia está en nuestras manos.