2006-06-17
Educación sexual (un cuento)
Educación sexual
Andrés Neuman

El otro día estábamos viendo una comedia con mis papis y de pronto se pusieron muy serios. Fue por culpa de una escena que a mí me pareció divertidísima pero que a ellos no les hizo ninguna gracia. Yo sé que mis papis entienden mogollón de cine, porque se tiran todo el día hablando de eso y se compran revistas y alquilan deuvedés y ven documentales de cómo se hizo esto o lo otro. Así que me imagino que la escena de la peli era muy mala y yo no me di cuenta.

Pues eso, que se pusieron muy serios cuando el policía se agachó, se escondió debajo de la mesa del comisario y entonces el comisario empezó a poner caras muy raras y a dar gritos de alegría. A mí al principio me entró risa, pero entonces miré a mamá, mamá miró a papá y no sé muy bien qué pasó. Para mí que la peli era una comedia, pero papá cogió el mando, le dio al stop y encendió un cigarrillo. Mamá le dijo a papá: ¿se lo preguntas tú?, y papá le dijo a mamá: ¿yo?, ¿por qué yo? Se pusieron a discutir un rato y al final me pidieron que me sentara en el sofá con ellos para tener una conversación de mayores. A mí me pareció un buen plan, porque en casa hasta ahora era siempre al revés: en cuanto ellos empezaban con lo de las conversaciones de mayores, eso quería decir que yo tenía que irme a jugar a mi cuarto.

Ven, hijito, me dijo papá, ¿tú de qué te reías? ¿Yo?, le contesté, pues de la peli, ¿no? Claro, hijito, claro, sonrió él, ¿pero tú sabes lo que estaban haciendo esos señores? Yo estuve a punto de decirle que me había parecido que el policía y el comisario estaban practicando el sexo oral, pero ahí me di cuenta de que la pregunta de papá tenía trampa y, por si acaso, le dije que más o menos. Pero vamos a ver, Javi, dijo entonces mamá, ¿tú por qué crees que el comisario gritaba tanto? Hombre, dije yo viendo por dónde iba mamá, me imagino que gritaba porque él y el policía se querían mucho y estaban demostrándose el afecto que se tenían. Bien, bien, suspiró papá, no estamos mal encaminados. Pero como yo seguía viéndolo nervioso y me daba pena que dejáramos la peli a medias, se me ocurrió decir que como ahora las bodas entre homosexuales estaban permitidas, seguro que al final de la historia el policía y el señor comisario se casaban. Yo pensaba que así los iba a tranquilizar del todo, pero se ve que en eso también me equivoqué porque mis papis se quedaron callados y mamá, que ha dejado de fumar hace seis años, le pidió un cigarrillo a papá. Entonces ya vi yo que la peli no íbamos a terminarla.

Javier, dijo papá poniéndome una mano enorme sobre el hombro, tú, por ejemplo, cuando vas al baño, o sea, ¿tú…? A mí me daba pena ver a papá tan agobiado por el tema de la masturbación, porque el pobre trabaja mucho y bastantes disgustos tiene. Así que preferí ser suave con él y contesté: ¿yo qué?, ¿si me entran cosquillitas? ¡Eso!, se alegró mamá, ¡eso mismo era! Bueno, dije yo siguiéndole la corriente, no sé, a lo mejor de vez en cuando, lo normal… ¡Exacto!, se entusiasmó papá, ¡lo normal!, porque tú, hijo mío, te lo dicen tus padres, no debes avergonzarte nunca de las cosas normales. Yo me acordé de los dibujos de la bolsita, la semillita y el bebé que los dos me habían coloreado el año pasado, y que guardo con cariño en el mismo cajón de las fotos que me bajo de Internet. Y entonces pensé que, la verdad, yo tenía suerte. Porque no todos los padres se preocupan tanto como los míos de comunicarse con sus hijos. O eso cuentan mis compañeros de clase.