2006-02-18
Stephen Hawking y las niñas
Stephen Hawking y las niñas
Andrés Neuman


El pasado jueves, leyendo el periódico, me encontré con una carta de un lector que me dejó perplejo. La carta aludía a las “diferencias conductuales entre ambos sexos”, que las madres y los padres “desde que son muy pequeños observamos nítidamente”. El autor de la carta argumentaba que quienes, como él mismo, constataban esas diferencias supuestamente esenciales eran “tachados de retrógrados, sexistas o desinformados”; pero que la cosa cambiaba “cuando los que hacen esas afirmaciones” son personas como el prestigioso físico Stephen Hawking, “el científico vivo más famoso del mundo, conocido por su altísima capacidad intelectual”, quien en opinión del lector “se ha atrevido a dar carta de naturaleza” a las diferencias de aptitudes entre niños y niñas.

Luego el lector citaba estas declaraciones de Hawking: “En general, se admite que las mujeres son mejores que los hombres en los idiomas, en las relaciones personales y en funciones multitarea, pero no tan buenas en la interpretación de mapas y orientación espacial. Por consiguiente, es razonable suponer que las mujeres estén menos capacitadas para las Matemáticas y la Física”. Pasemos por alto que, para ser de verdad científicos, habría que haber aclarado la fuente de dichas palabras, el contexto en que fueron dichas y el autor de la traducción del inglés, que pudo alterar su sentido. Pero aun tomando estas palabras como exactas, hay tanto para responder que uno no sabe ni por dónde empezar.

En primer lugar, que Hawking sea un físico genial no lo convierte en una autoridad en pedagogía o desarrollo infantil, igual que las terribles opiniones de Heidegger sobre la sociedad alemana no estaban más fundamentadas por provenir de uno de los filósofos más inteligentes de su siglo. Supongo que Borges conoció muy bien el alma humana, pero su opinión sobre las mujeres era estrecha y estuvo mediatizada por la educación de su propia madre, con quien el autor vivió como un adolescente hasta bien entrada su vejez. Esto ocurre con todas las opiniones, sea uno físico, poeta o afinador de pianos. Por supuesto, cada uno educa a sus hijos como quiere. Pero resulta peligroso buscar bases pseudocientíficas en nuestros principios morales y convicciones ideológicas.

Lo más curioso es que precisamente esta semana estaba yo leyendo un libro de Stephen Hawking, ‘Historia del tiempo’, obra que el físico dedica a una tal Jane, quien suponemos que dado su sexo no será capaz de entender gran cosa de su contenido. Más extraño aún resulta que en la introducción Hawking diga que, a diferencia de los adultos, los niños “no saben lo suficiente como para dejar de preguntar las cuestiones importantes”, sensata observación de la que se deduce que niños y niñas tienen una extraordinaria capacidad cognitiva y de asimilación que los vuelve permeables a cualquier idea, comportamiento o rol. Incluidas, claro está, las supuestas actitudes o labores ‘femeninas’ y ‘masculinas’, que como un teórico del tiempo debería saber han variado enormemente a lo largo de la historia.

Pero vayamos más allá: fijémonos en la propia cita de Hawking que la carta transcribía. Ruego al lector que la relea. ¿Es científico y objetivo afirmar “en general, se admite”? ¿Qué quiere decir en general? ¿Quiénes lo admiten y por qué? Y sobre todo, ¿es riguroso deducir alegremente, suponiendo que las mujeres tengan tendencia a orientarse peor en un mapa, que “por consiguiente” habrán de ser peores en Matemáticas? No veo ninguna causalidad científica entre ambas cosas, pues la capacidad de abstracción, como la inteligencia, no es de un solo tipo: se puede ser un gran arquitecto y jugar mal al ajedrez. Tengo amigos que, siendo disléxicos, se licenciaron en Filología y obtuvieron excelentes notas. Lo mismo les sucede a muchos actores, cuya dislexia no les impide aprender largos textos que nosotros no podríamos memorizar. En mi familia, mi madre fue mejor estudiante de Física y Matemáticas que mi padre. Cuando yo estudiaba en el instituto Alhambra, uno de los docentes mejor preparados era una mujer bajita apellidada Quirós y que enseñaba, mira tú por dónde, Física.

Aún queda otro aspecto que debilita la supuesta idea de Hawking: aunque fueran ciertas las inferiores capacidades científicas de las mujeres, cosa que dudo, el razonamiento omite un aspecto decisivo: las causas familiares y sociales por las que a los niños se los orienta voluntaria (pero también inconscientemente) hacia una tareas u otras, condicionando desde que nacen sus inclinaciones y aptitudes.

En Estados Unidos hubo científicos que intentaron ‘demostrar’ la inferioridad intelectual de la comunidad negra, basándose en las ‘pruebas’ de su rendimiento académico y olvidando que dichas notas estaban condicionadas por una circunstancia previa y nada genética: la desventaja económica y cultural de los hogares de los que provenían muchos alumnos negros. Sólo espero que Jane no sea negra.