2006-02-11
La cara (demócratas operados)
ANDRÉS NEUMAN



Todos quedamos impresionados al contemplar la imagen de Isabelle Dinoire, la mujer que se sometió a un transplante de cara tras ser atacada por su perro. Escuchándola hablar e imaginando los padecimientos de esta desafortunada francesa, no he podido evitar pensar en lo mal repartidas que están las caras en España últimamente.

Mientras unos se quedan sin cara, a otros parece que les sobra. El otro día escuché a Zaplana denunciar por enésima vez la "ruptura del consenso" en cuestiones de Estado. Se trata de un argumento asombroso, teniendo en cuenta que su partido completó hace dos años la legislatura menos consensuada y dialogante de nuestra democracia. Hay que tener mucha cara para protestar por las negociaciones del gabinete socialista, cuando el Gobierno de mister Aznar lo aprobaba todo con el rodillo único de su mayoría parlamentaria, en contra de la voluntad de todos los demás partidos. Me pregunto por qué no se les ocurrió hacer un referéndum cuando estaba en sus manos nuestra participación en la guerra de Irak, o la reforma educativa que ellos también emprendieron pero sin pactarla con nadie más.

El señor Zaplana se refirió al destrozo que en su eximia opinión estaba haciéndose de los acuerdos de la Transición, que "tanto nos costó conseguir" y de la que los españoles "estamos tan orgullosos". Aquí es donde me acordé de la señora Dinoire, que hubiera suspirado de envidia por la abundancia de cara que exhiben algunos líderes del PP. Porque no fueron precisamente las figuras de ese partido, ni su antecesora Alianza Popular, quienes apoyaron la Constitución y la sacaron adelante, sino que más bien se opusieron con argumentos parecidos a los que ahora emplean para oponerse al Estatut, que está siendo uno de los procesos más largamente dialogados, negociados y estudiados que se recuerdan.

Por mucho que Fraga se lave la cara, muchos recuerdan su procedencia política. Habrá quien piense que Fraga se transplantó la cara por vía constitucional en el año 78. Podría ser, la cirugía hace milagros. En agosto de 1981, cuando llevábamos tres años de Constitución, el antiguo miembro de Alianza Popular y ex ministro del PP Álvarez Cascos declaró en una entrevista para ‘La hoja del lunes de Gijón’: "Franco es una figura que admiro, y que en un momento determinado resolvió una situación crucial en España. Franco fue el hombre que supo hacer lo que otros querían hacer y no pudieron". Claro que su antiguo jefe tampoco se quedó corto en su formación democrática. A los 16 años, el 1 de julio de 1969, el ex presidente Aznar dirigió una carta a la revista ‘SP’ reivindicando con orgullo el "historial falangista en mi familia" y expresando su deseo de "empezar de cero la obra que José Antonio planeó y España espera". Diez años más tarde, el 9 de mayo del 79, Aznar se quejaba en un artículo en ‘La Nueva Rioja’ de que el Ayuntamiento de Guernica le hubiera retirado "los honores concedidos al anterior Jefe de Estado, que aunque moleste a muchos gobernó durante 40 años y se llamaba Francisco Franco", y de que las calles en honor del Generalísimo y José Antonio ahora se dedicasen a la Constitución. En otro escrito del mismo año, Aznar se preguntaba cuántos de los artículos de la flamante Constitución que él luego defendería se habían "debatido cabalmente", y remataba: "¿es este el precio de la democracia?". Un precio más alto, desde luego, que los transplantes de cara.

Estos son los señores que pretenden explicarnos en qué consiste la democracia y cómo respetarla. Como, a causa de su historia, el PP es un partido poco acostumbrado a las reglas democráticas, incluso cuando emprenden acciones tan legítimas y de derecho como recoger firmas, no pueden evitar caer en ilegalidades: en Madrid la policía ha recibido instrucciones para no controlar las licencias pertinentes de las mesas. Otro tanto puede decirse de las manifestaciones, que hace dos años al PP le parecían una manipulación, mientras ahora convocan una todas las semanas y gozan de la libertad de manifestarse como un niño con Zapateros nuevos.

La pobre señora Dinoire muestra dificultades para vocalizar correctamente (algo que también le sucede al señor Rajoy) y aún no puede cerrar la boca (lo mismo, por desgracia, que le ocurre al señor Acebes). Ahora que la ciencia lo permite, no estaría de más que algunos políticos de la oposición, que hoy van de víctimas cuando hace dos días eran sabuesos que mordían a quienes les llevasen la contraria en el parlamento, se hicieran un transplante de carita y hablasen con más memoria en sus ruedas de prensa.