2006-01-14
La memoria del cañón
La memoria del cañón
Andrés Neuman

Después de destituirlo, que era lo primero, lo segundo que tendrían que haber hecho con el general Mena es darle las gracias en nombre de los nacionalismos contra los que supuestamente se expresó. Nada mejor que un discurso como el suyo para alimentar el victimismo, los delirios de persecución y la postura de agravio frente al Estado que utilizan algunos políticos demagógicos en Cataluña o el País Vasco. Las advertencias del general, que no fueron un exabrupto ni un error porque las llevaba escritas, confirman la dificultad de afrontar normal y dialogadamente la reforma de las Autonomías, que es lo que trata de hacer el Gobierno mientras otros chillan o se ponen en medio.

El caso es que todos los partidos condenaron sin ambages la postura del militar. Todos menos el PP. A este paso, "todos menos el PP" se convertirá en un latiguillo de obligado cumplimiento, como lo de una hora menos en Canarias. El día del suceso, el secretario de comunicación popular no empezó censurando las amenazas del general sino justificándolas, calificándolas de "inevitables" y atribuyéndolas a "la situación que estamos viviendo". Eso no equivale tan sólo a echarle la culpa al Gobierno, sino que significa que para el PP la insinuación oficial de un posible alzamiento militar puede ser el fruto de una actividad parlamentaria. Eso, y no el Estatuto o las bodas gay, es lo realmente inaudito en democracia. Quizá por eso el hombre tuvo que admitir al día siguiente que "es evidente que la función de las Fuerzas Armadas no es pronunciarse sobre proyectos sometidos a debate en las Cortes". Pero si eso era tan evidente, ¿por qué las declaraciones del general eran inevitables? Menos mal que Piqué, que si no recuerdo mal se opuso al Estatut, calificó las declaraciones del general de "inapropiadas e injustificadas". Supongo que eso explica por qué Piqué está marginado en su partido.

Si uno analiza las opiniones de ciertos líderes políticos o militares, llega a la conclusión de que son unos maestros de la paradoja: tras advertir que la Constitución tenía unos límites infranqueables (algo que no sé si decía su compañero de armas Tejero), el general Mena añadió que era "impensable" que esos límites se sobrepasaran. Pero si era impensable, ¿entonces para qué nos amenazó? ¿Y cómo un militar español con memoria puede erigirse en intérprete privilegiado de la Carta Magna?

Releo el artículo 8 de la Constitución, que es el que invocó el general para justificar una eventual intervención del Ejército si el Estatuto catalán pasaba de la raya. Raya que por supuesto sólo serían capaces de ver dos o tres generales iluminados y patriotas cabales como Rajoy, ya que todos los demás ciudadanos, legisladores, diputados y comisiones designadas al efecto serían imbéciles o apátridas. Releo el artículo, y me encuentro con esta aseveración aparentemente diáfana: "Las Fuerzas Armadas tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional". Veámoslo: según la propia Constitución, la soberanía española reside en sus ciudadanos, de los cuales emanan los poderes del Estado. Esos poderes y sus órganos democráticamente elegidos son los que en este momento están debatiendo el Estatuto, así que por aquí no parece haber problema. Nuestra independencia e integridad territorial tampoco parecen estar en peligro, pues no se ha producido un hecho de fuerza ni ningún enemigo nos ha atacado, invadido o amenazado sus fronteras. Tampoco ninguna autonomía ha intentado alterar el orden estatal, y cuando se ha rozado tal cosa como en el Plan Ibarretxe, el Congreso cumplió con su deber rechazándolo abrumadoramente por su vía natural. Tampoco la Constitución está siendo soslayada, como demuestran las largas discusiones para reformular la propuesta inicial de los catalanes, las cuales no tienen otra finalidad que la de ceñirla a la Carta Magna y a los intereses generales del Estado.

Pero entonces, ¿a qué se refería el general? ¿De qué emergencias pretendía protegernos? No quiero ni pensarlo. Porque, si lo pensara demasiado, quizá llegaría a la conclusión de que el general Mena, que no generalísimo, considera que la voluntad electoral de los ciudadanos, su legítimo Gobierno democrático y nuestro Congreso pluripartidario no bastan para sostener España, y que algo había que hacer en favor de los españoles, aunque sin consultárselo a los españoles, como en los mejores tiempos. Los cañones descansan, pero nunca olvidan.