2004-12-11
Lennon en el espejo con diamantes
Lennon en el espejo con diamantes
Andrés Neuman


El problema de los mitos, y también su virtud, es que no necesitan estar vivos. Sobreviven en la intimidad ajena. Llevan una segunda y extraña existencia que los engrandece mientras los va borrando. Los mitos son un espejo. He ahí su trágica eternidad: su rostro se parece demasiado al de quienes lo contemplan.

Esta semana se ha cumplido un nuevo aniversario de la muerte de John Lennon. Miro su cara borrosa y pienso: ¿cuánto queda de símbolo pacifista en su figura? A mí, a estas alturas, me parece que poco. Sin embargo, busco foros sobre los Beatles en la Red, elijo uno al azar y lo primero que me encuentro es el mensaje de una chica que, bajo el seudónimo de Anna Lennon, se muestra indignada por los recientes rumores acerca de las presuntas donaciones que Lennon habría hecho al IRA y otras agrupaciones afines. La bienintencionada fan replica: << ¿cómo podemos decir que apoyó a unos asesinos, si él mismo murió por la paz? >> Y se despide: << John Lennon in my heart forever >>. Cuando una imagen habita en nuestro corazón, ¿cómo atreverse a traspasarla con una aguja?

No tengo forma de demostrar que Lennon colaborase o no con el IRA. Lo que sí nos consta es que (al igual que McCartney) expresó su apoyo a la causa nacionalista irlandesa, y que en su disco ‘Some time in New York City’ incluyó dos canciones que aludían al Domingo Sangriento del 72, cuando trece manifestantes pacíficos murieron acribillados en Derry por el ejército británico. En aquella ocasión, Lennon hizo unas declaraciones nada simplistas: aseguró que, entre la violencia y la paz, prefería sin duda la paz; pero que si debía elegir entre la violencia del ejército británico y la violencia del IRA, escogía esta última, ya que unos tenían ocupada por la fuerza Irlanda del Norte y los otros intentaban liberarse.

Cabe puntualizar que en los 70 la situación en Irlanda era dramática, y que las reivindicaciones del nacionalismo republicano irlandés poco tenían que ver con las de ETA, por ejemplo. Aun así, la postura de Lennon frente a las revoluciones violentas nunca fue ingenua. Junto a sus tempranas críticas a la guerra de Vietnam (tan incómodas para los intereses discográficos de Los Beatles en Estados Unidos) y a canciones como ‘Give peace a chance’ o la todavía hermosa ‘Imagine’, podríamos recordar cómo en 1968 Lennon compuso dos versiones distintas de ‘Revolution’. En la primera versión, la canción decía: << todos queremos cambiar el mundo, pero si me hablas de destrucción, no cuentes conmigo >>. En la segunda, grabada meses después, Lennon matizó: << ...no cuentes conmigo... o sí >>. Más que una contradicción caprichosa, yo lo veo como un acto de sinceridad.

Más allá de sus boutades o del cándido exhibicionismo de la cama de la paz, hubo gestos públicos de Lennon que siguen pareciéndome de vanguardia. Mientras hoy futbolistas, cantantes e ilustres ex-hippies se dan tortas por recibir la Medalla del Imperio Británico, conviene recordar que Lennon devolvió su medalla por correo. También fue uno de los primeros clásicos del rock en componer una canción (bastante buena, por cierto) acerca de la explotación conyugal de la mujer: ‘Woman is the nigger of the world’. Más que un santo, un mártir o un Gandhi con guitarra, creo que Lennon fue un ciudadano vivamente interesado por su sociedad, con ansias por entender y tomar partido. No todas las estrellas pueden decir lo mismo.

Pero, por mucho que nos empeñemos, sólo tenemos medio retrato de Lennon que leer y releer. Su abrupto final condiciona nuestra mirada, nuestras lágrimas y hasta nuestras disculpas. Hay quien conjetura que Lennon fue eliminado por el Gobierno americano, que había llegado a negarle la residencia en el país a causa de su activismo político y su oposición a Nixon. Esta teoría conspirativa olvida que en sus últimos años Lennon consiguió vivir tranquilamente en Nueva York, y que en 1980 el presidente de turno era el demócrata Carter. Quizá nos decepciona la verdad, tantas veces más cercana al absurdo que a la epopeya: que fue un enfermo mental, un perturbado y aciago seguidor de Lennon, el que acabó con él para empezar el mito.

En este sentido, pertenezco a una generación desconcertada: la que no fue consciente de que Lennon había muerto cuando lo asesinaron, y que ha tenido que reconstruir sus días fuera de contexto y su música en una habitación a solas. Hemos tenido que guardar un luto retrospectivo e inventar nuestros propios funerales. Después de todo, el experimento no ha salido tan mal: se lo sigue escuchando con admiración, como pude comprobar el pasado miércoles en el bar La Tertulia, donde jóvenes cantantes y poetas de Granada le rendimos homenaje.

La estética de Lennon siempre tendrá un punto indescifrable porque está hecha de contrastes. No sólo compuso himnos al amor como ‘The word’ o ‘All you need is love’; sino también canciones desgarradoras como ‘Yer Blues’, o de cáustica psicodelia como ‘A day in the life’. Lennon te agrede y te mima, te susurra y te aúlla. Lo mismo te deprime con la desgana de ‘I’m so tired’, que te conmueve con el balbuceo de ‘Julia’. A esa mezcla de rabia y de ternura, de surrealismo y elementalidad, es difícil resistirse. Aunque no hayas vivido los sesenta.

También la gente de mi edad ha aprendido a chapurrear inglés o a rasguear la guitarra con los Beatles, clásicos geniales. De ahí a convertir a Lennon en un héroe hay un abismo que -imagino- ni siquiera a él le apetecía cruzar. Pocos días antes de morir por culpa de un mitómano con pistola, John había declarado en su última entrevista: << Detesto a los que insisten en que es mejor quemarse que marchitarse. Es mejor marchitarse poco a poco. No aprecio esa veneración estúpida por los héroes difuntos. Yo venero a la gente que sobrevive. Me quedo, por supuesto, con los vivos >>. Por muchos diamantes que pretendan colgarle a su retrato, el último Lennon fue un hombre lúcido que quería, sencillamente, hacerse viejo sin dolor.

Este año Lennon hubiera cumplido 64, como dice aquella canción de su amado rival McCartney. Feliz cumpleaños para Lennon, entonces, si es que aún está allí. Aunque, por supuesto, él ni está << allí >> ni quiere.