2008-06-07
21 gotas del 21º Hay Festival (y II)
ANDRÉS NEUMAN



13
Los alrededores de Hay-on-Wye, más allá de las carpas del Hay Festival, tienen mucho para visitar: las colinas sinuosas de las Black Mountains, el parque nacional de Brecon, varios castillos restaurados y hasta con actores. En la ciudad de Hereford alquilo un coche inglés y, procurando no causar accidentes en la carretera, sigo la hermosa ruta de las casas blancas y negras. Paro en Eardisland, donde está por celebrarse un concurso de arreglos florales. La exposición tiene lugar en la iglesia del pueblo. Sorprendo al sacerdote en plena colocación de los horrores concursantes: ‘Luz de sol continental’, ‘Atardecer junto al mar’, ‘Nuestros hermosos cielos’ y un espantoso etcétera. La exposición no puede ser más kitsch y, por eso mismo, más desacralizadora. A diferencia de las católicas, las iglesias protestantes son más informales y tienden a utilizarse como centros cívicos. «Siento mucho», se disculpa el cura, «que las flores no estén del todo listas». Me entran ganas de reír o de invitarlo a un té. Me doy la vuelta y, colgando de un muro, veo una lista de soldados caídos en la Gran Guerra.

14
En The Guardian acababan de elogiar la primera novela de Juan Gabriel Vásquez, de lo cual sus compañeros nos alegramos mucho, pese a la empecinada mención del realismo mágico que hace el reseñista. Él y los demás contertulios latinoamericanos hacen lo posible por aclarar que el Boom fue estupendo, pero que vivimos en otra época. Al final del acto, lo despiden llamándolo «Juan Gabriel Márquez».

15
Jimmy Carter dio una rueda de prensa con cinco guardaespaldas, denunció el bloqueo en Gaza y se fue en helicóptero. Todos los invitados norteamericanos, con ocasión o sin ella, mostraron sus simpatías por Obama. Daban ganas de apoyar a Hillary.

16
Mientras la esposa de Tony Blair tenía su esperada intervención en el festival, desayuné huevos revueltos, té, cereales y yogurt natural. Estaba todo buenísimo y el mundo mejoró un poco.

17
A Lorrie Moore, autora del recomendable ‘Pájaros de América’, la presenta Julian Barnes, que lleva unos terribles calcetines rayados pero toma impecablemente el té. En público Moore crea un intimismo raro, parecido al de sus libros. Lee rápido y habla lento, como si estuviera nerviosa pero hubiera tomado sedantes. Me sorprende saber que la situación editorial del cuento en Estados Unidos se parece a la de España. «La felicidad en la vida», lee Moore, «consiste en elegir la mejor infelicidad».

18
Salman Rushdie ha venido sin guardaespaldas. Pasea con su familia como un curioso más. Su aspecto es fresco y relajado: o se ha hecho cirugía o se ha curado de espanto. En una conferencia sobre pintura india, Rushdie intenta mostrarles a los vasallos del antiguo Imperio que la colonia tenía civilización antes de ser civilizada. En la fila anterior a la mía un inglés gordo bebe su enésima lata de Stella Artois mientras eructa, cabecea y se echa sobre los espectadores contiguos.

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Desde su silla de ruedas, utilizando el bastón como palanca dialéctica, Gore Vidal muestra su malhumor oscuramente simpático. Muy consciente del show, remata sus sarcasmos poniendo la voz ronca. El público le ríe de antemano las inteligencias. ¿Un consejo para los jóvenes?, le preguntan. «Crezcan», contesta él. «América», declara, «es un país del que nadie puede estar demasiado orgulloso». Durante una hora entera, sin embargo, no menciona ningún otro país. La decadencia de un imperio puede ser muy lenta.

20
Lección de ajedrez de Spassky, el gran ex campeón ruso que tuvo el maldito honor de ser destronado por Fischer. Pregunta: ¿En qué momento del mundial se dio cuenta de que él era tan bueno? «Él ya era mejor que yo», contesta Spassky. P: Y cuando él renunció a defender el título y lo perdió, ¿usted cómo se sintió? «Feliz», contesta Spassky. P: ¿Qué pensó cuando arrestaron a Kasparov? «Que estaba estropeando su vida. No por sus oponentes, sino por sus compañeros de partido, que a lo mejor necesitan un mártir.» P: ¿Dónde estaba el talento de Fischer: en la teoría, en las aperturas, en los finales? El viejo sonrió y señaló al cielo.

21
La gota horada la piedra. La lluvia riega la vista. La escritura siembra el papel. Los libros riegan los ojos. Nuestros ojos escriben el mundo, o lo que queda de él. Bienvenidos al Hay. El año que viene, más. Si quedan tickets.