2001-03-21
Bienvenido, Mr. Dólar (sobre Cavallo)
Bienvenido, Mr. Dólar
Andrés Neuman


El nombre del país donde nací resulta hoy un sarcasmo. Además de que el adjetivo argentina alude a la plata o a su brillo, sucede que por esas tierras plata significa dinero. Para colmo, Buenos Aires es ya una ciudad considerablemente contaminada y ensombrecida por la angustia. A veces al idioma le da por ensañarse.

Cuando mi familia decidió abandonar el país yo era casi un niño, aunque lo suficientemente mayor como para que la memoria haya permanecido ordenada. Durante la dictadura, mis padres habían tenido la fortuna de no ser físicamente perseguidos, si bien tuvieron que soportar -como tantos otros- intervenciones en su línea telefónica, constantes espionajes y un pánico cotidiano. Mis padres se quedaron, llegaron sanos y salvos a las elecciones del 83, a las ilusiones recobradas con Alfonsín. Y también asistieron a su política bienintencionada y contradictoria, que se encargó de derribarlas. Recuerdo cómo, en el año 89, urgía salir a hacer la compra: si llegabas tarde, los precios cambiaban delante de tus narices. Tras la victoria de Menem -el nefasto caudillo que consiguió reunir en un solo gobierno todo el fascismo populista de Perón y toda la injusticia social del neoliberalismo contemporáneo- la pregunta de muchos, nuestra pregunta, fue: ¿y ahora qué, a quién esperar? ¿Ahora con qué soñamos?

Las colas empezaron a formarse frente a las embajadas. En esas colas -las mismas que hoy obstaculiza el vergonzoso empeño del PP- estuvimos nosotros. La política de Menem consistía en pactar con las oligarquías provinciales (las suyas), tranquilizar al FMI con toda clase de concesiones, castigar a los trabajadores hasta límites inimaginables aunque con una sonrisita cómplice, y sembrar la confusión en los corruptos sindicatos (¿pero éste no era peronista?, se preguntaban). Entonces, en medio de la crisis, Menem se sacó una hiena de la chistera: Cavallo, uno de los economistas responsables de que, años atrás, la deuda pública se multiplicase. Al licenciado Cavallo (Harvard) le debían favores banqueros de medio mundo, sobre todo estadounidenses. A Cavallo las cuentas le cierran siempre, porque siempre le salen hacia el norte. En efecto, la hiperinflación cedió y la macroeconomía comenzó a comportarse como la de un país solvente. Sólo que Argentina era cualquier cosa menos un país solvente.

¿Cuál fue el precio que hubo que pagar? Naturalmente, se privatizaron todos los recursos nacionales a precio de ganga, los salarios fueron congelados, se recortaron los ya pobres presupuestos de cultura y educación, las jubilaciones tocaron fondo, la seguridad social se convirtió en una variante del patíbulo, las escuelas públicas terminaron de venirse abajo... Nada nuevo: es la fórmula neoliberal, ese virus mundial que transforma las pizarras en calculadoras, los teatros en bancos y a las enfermeras en seres deficitarios. Menem dejó un país devastado, sin trenes, ni teléfonos, ni aviones, ni petróleo, ni plata, ni esperanza.

Hoy vemos a Cavallo hacer su rentrée triunfal en la cúpula de un gobierno que se había presentado ante los ciudadanos como alternativa al neoliberalismo. Al licenciado no le hizo falta pertenecer a la coalición, ni ser votado: él es -como escribió un diario argentino- Domingo I, el Rey del Dólar. Nada nuevo. Plata vieja. Al sur, un país que alguna vez fue rico se desmorona. En sus calles habrá más hambre, huelgas y violencia. Eso sí: verán qué calma chicha en los Mercados. Bienvenido pues, señor Ministro.