Pregunta: Cierra sus libros de relatos con sendos
manifiestos. ¿Hay
cosas que no se demuestran en la práctica?
Respuesta: Al contrario. La teoría muestra los descubrimientos hechos
durante la escritura. Es como un diario de rodaje: hay cosas que no pueden
salir en la película, pero interesan.
P: ¿Es el relato un género huérfano de crítica?
R: Desde luego. Con mis manifiestos he pretendido abrir un espacio de debate
teórico sobre el cuento, que es algo que en este país no existe.
P: ¿Cómo está tan seguro de que el microrrelato será el
género del siglo XXI?
R: Dada su naturaleza radicalmente contemporánea (su velocidad de transmisión,
su construcción fragmentaria, su parentesco visual con el flash), la
comprensión y valoración de la micronarrativa habrán de
crecer pronto. ¡Seguro!
P: ¿Tan mala fama tienen los relatos que hay que
defenderlos?
R: Al cuento le hacen falta militantes. Hace falta defenderlo de los sesudos
guardianes del mamotreto, que parecen valorar los libros al peso.
P: ¿Por qué las novelas son más
reconocidas que los cuentos?
R: Una cosa es que las novelas se vendan más, que los editores sean
cada vez más conservadores, y otra muy distinta es que tantos críticos
hayan convertido un fenómeno mercantil en un prestigioso criterio literario: ése
que pretende que el cuento es el gimnasio donde se entrena el futuro novelista. ¿Acaso
la orfebrería es el paso anterior a la arquitectura?
P: ¿Cuáles son los ingredientes del microrrelato
perfecto?
R: Yo no soy quién para afirmarlo. Aunque, sean cuales sean esos recursos,
prefiero que busquen la síntesis de una emoción antes que el
ingenio: muchos confunden el microcuento con el chiste afortunado.
P: ¿No anda por ahí mucho relato disfrazado
de novela?
R: Si se refiere a los argumentos estirados artificialmente, sí. Pero
lo contrario tampoco es recomendable: intentar contar demasiadas cosas en un
cuento, comprimir el argumento hasta asfixiarlo.
P: ¿Contar un cuento es contar una historia?
R: Es insinuarla. El lector debe enterarse de lo que tú no quieres contarle.
P: ¿Debe haber relación entre los relatos
de un libro, deben ser hermanos?
R: No creo que sea buena la unidad a priori, querer hacer una novela disfrazada.
Pero cuando ya tienes los relatos puedes escogerlos siguiendo su atmósfera,
su hechura técnica...
P: Varíeme el famoso microrrelato: Cuando usted despertó, ¿dónde
estaba el dinosaurio?
R: Cuando desperté, el dinosaurio todavía era ministro. O presidente.
P: Insiste en que se ha formado intelectualmente en España, pero asume
la tradición inconsciente de un lector argentino. Aclárese.
P: Mi inconsciente es irremediablemente argentino: mi educación sentimental
y familiar es argentina. Pero mi formación académica, mi vida
literaria y mi presente pertenecen a España. ¡Cómo quiere
que me aclare!
P: “Obsérvame observando”, dice la cita de Byron que usa
en El jugador de billar. ¿Es más voyeur o exhibicionista?
R: Creo que escribir es ser exactamente las dos cosas.
P: ¿De qué va eso del eclecticismo responsable?
R: De que, si no sabemos leer nuestra época, escribiremos para el pasado.
No podemos seguir defendiendo ninguna clase de escolasticismo estético
ni de dicotomías abstractas, pero es necesario mantener alerta el juicio.
Me gustaría aprovechar un máximo de tradiciones con rigor y conocimiento
de causa.
P: Parece que le gusta todo. No me lo creo.
R: Acepto a priori todas las propuestas estéticas, no todos sus resultados
finales. No me preocupa demasiado si el poeta cree que sus ideas provienen
de las musas o de una fórmula matemática. Me interesan los poemas.
La curiosidad es un buen antídoto contra el dogmatismo.
P: Dicen que la melancolía es lo más característico
del alma argentina.
R: Argentina es un país construido por inmigrantes que ahora emigran. “Aquí”,
para un argentino, es un adverbio confuso.
P: Me ha dicho un pajarito que no lee los diarios de sus colegas.
R: ¡Hay que ver qué ilustrados son los pajaritos que usted frecuenta!
Los diarios pueden llegar a herir a algunas personas o violar su intimidad.
Y como esas personas podrían ser amigos queridos, o yo mismo, prefiero
leer otras cosas.
P: Parece que su lema sea: Llegué, vi, vencí. ¡Dígame
que en la escuela suspendía Pretecnología!
R: Oh, es usted tan galante.
P: ¿Qué deja siempre para el último
minuto?
R: Cuando era estudiante, preparar los exámenes. Ahora, enviar las últimas
pruebas corregidas de los libros.
P: ¿Qué espera Andrés Neuman?
R: Seguir enamorado de escribir.
(El Cultural,Diario El Mundo, 14 de noviembre de 2001) |