10 preguntas sobre la escritura de columnas

 


1. ¿Qué es una columna?

Una columna es un recipiente relampagueante en el que cabe casi cualquier cosa, mientras se observen unos principios básicos: por ejemplo, economía, amenidad, eficacia, intensidad. Creo que las leemos porque pueden dar mucho a cambio de muy poco: una mirada personal, toda una ética, por un par de minutos de nuestra atención. Las considero completamente necesarias porque dan una visión complementaria -y a veces incluso opuesta- a la línea editorial del periódico en que se publican. En ese sentido -equivocada o no- una columna es un contrapeso, una rendija de libertad. Ya se sabe que todo gran medio está condicionado por grandes intereses. Pero la opinión de un columnista, si es honesto consigo mismo, resulta insobornable o debiera resultar insobornable. Naturalmente, ninguna columna puede cambiar el mundo más que un poema, una fotografía o una buena aria de ópera. Pero basta con que, de vez en cuando, alteren la conciencia estética o política de alguien, generen dudas, rompan los muros de los pensamientos obligatorios. Una columna, en fin, es precisamente eso: un pensamiento completamente voluntario.


2. Publiqué mi primera columna en...

La primera vez que "opiné" en público fue en la revista de mi instituto, y luego en la de la Facultad de Letras de Granada, "Letra Clara", que codirigí durante mis años de carrera. Revistas y publicaciones minoritarias aparte, creo recordar que mi primera columna apareció en el diario Ideal de Granada, hace unos cinco o seis años. Se titulaba "El carnet de los héroes", e ironizaba sobre el falso icono de la juventud, y sobre las promesas y mentiras bajo las que había crecido esa supuesta generación "JASP" a la que pertenezco. Alguien del periódico me invitó a mandar colaboraciones cuando tuviera algo que decir, y eso fue lo que hice. Algo más tarde, el primer medio en el que comencé a publicar una columna semanal fue en El Día de Córdoba.


3. ¿En qué se inspira para elegir tema?

El hecho de escribir en un medio local como Ideal, condiciona los asuntos sobre los que escribe? Y por cierto: ¿es Granada una ciudad evocadora? Estoy leyendo ahora "El robinsón urbano" de Muñoz Molina y me parece una delicia. El tema: como todos los columnistas saben, ese es el principal obstáculo, y no el trabajo artesanal con el verbo ni muchísimo menos la página en blanco; ni siquiera la prisa por entregarla a tiempo. Así que el método de elección del tema se parece al repertorio de primeros auxilios o las operaciones de salvataje: cualquier cosa valdrá, mientras el artículo salve la vida. A veces me inspiro leyendo el periódico o escuchando la radio, otras veces navegando por Internet, otras leyendo un libro, y con frecuencia simplemente caminando y observando lo que sucede a mi alrededor. También me sucede a menudo que tengo el tema decidido y, de repente, algún suceso público o una anécdota personal me reclama una opinión o me cautiva. Escribir en un medio local puede ser una limitación, sólo si la provincia anida en tu cabeza: en mi caso, desde el principio llegué a un acuerdo con el periódico para que mis columnas no tuvieran una frontera impuesta. Desde luego, cuando viene al caso, toco algún asunto local. Pero lo hago esporádicamente y, sobre todo, con conciencia extranjera: mi intención es, siempre, que pueda interesarle a un lector de cualquier sitio. De hecho, el arte del columnismo suele radicar en la habilidad para convertir un suceso concreto en una alegoría, y un problema local en un relato para todos los públicos. De lo contrario, me aburriría muchísimo. ¿Es Granada una ciudad evocadora? Pues como todas; el tema es la mirada, no un lugar. En cuanto al "Robinsón urbano", me parece un magnífico ejemplo de cómo la buena literatura no distingue entre el centro y la periferia a la hora de generar misterio.


4. Alguna columna que me haya traído problemas.

Alguna que otra. Aunque en general procuro ser tan elocuente como respetuoso (creo que la palabra pública no debería dejar lugar ni al insulto ni a las fobias privadas), hubo por ejemplo una ocasión en la que, a raíz del debate sobre el matrimonio entre los ciudadanos homosexuales y la adopción de hijos por parte de estos, escribí un columna en la que criticaba la increíble "Declaración" del Vaticano y sus intentos de intervenir en las legislaciones. Bien, resulta que un famoso cura de Granada se escandalizó muchísimo y me dedicó durante un mes entero (hay que reconocer que respetuosamente) sus prédicas en la prensa del domingo. Al principio, como me acusaba de falta de conocimiento de la postura de la Iglesia, en la siguiente columna me dediqué a analizar punto por punto el texto de la "Declaración" y a divulgar todo aquello que el señor cura omitía. Luego me pareció que no tenía nada que añadir, pero el hombre siguió varias semanas. Así que puede decirse que, de vez en cuando, topamos con la Iglesia. Por lo visto, la curia se quejó al periódico, y el periódico se puso un poco nervioso. Pero se me permitió decir lo que pensaba, y eso es lo más importante.


5. ¿A mano o a máquina?

Las notas y apuntes previos, a mano. El artículo, siempre a ordenador. Me parece más limpio, más ordenado y más claro. La propia caligrafía engaña.


6. ¿Censura o autocensura? ¿Hay asuntos de los prefiere no escribir?

Hombre, si alguna vez me censurasen explícitamente una columna, supongo que me marcharía de inmediato. Por fortuna, nunca me ha sucedido. Sí me ha ocurrido tener que defender en privado una columna determinada con alguien del periódico; pero la cosa no ha pasado de un debate con argumentos. La última palabra siempre se me ha dejado a mí. ¿Autocensura? Creo que ese es uno de los peligros que debemos intentar sortear: ser capaz de ser políticamente incorrectos, sin llegar a la extravagancia gratuita, que también es reaccionaria. Lo que sucede es que, a veces, lo políticamente incorrecto es el silencio: en ocasiones uno puede sentir que no está del todo convencido de su opinión, o que el asunto merece más documentación y reflexión por su parte, o que prefiere no contribuir a un debate pues lo considera contraproducente. Entonces el deber sería callar. No por autocensura, sino por prudencia. La prudencia, en su sentido clásico original, se está perdiendo porque vivimos en una sociedad sensacionalista y frívola que ama la espectacularidad. Eso puede dañar el valor de la palabra pública. Ahora bien, si uno está convencido de algo, por incómoda que sea su opinión, debería escribirla. El objetivo, creo, es intentar ser honesto. Cualquier tipo de censura es repudiable. Y, como por fortuna hoy en España no padecemos su forma más violenta y evidente, nos conviene estar alerta ante sus manifestaciones más oblicuas e invisibles. La democracia siempre es preferible, pero también es perfectible. Un ejemplo es, desde luego, las redes de intereses y clientelismos que acaban generando censuras no oficiales.


7. El mejor columnista de España es o ha sido...

Hay varios excelentes, y sin duda Millás es uno de ellos. En general, me gustan más quienes consiguen ejercer una mirada simbólica sobre la materia del día a día. También hay maestros de la columna clásica de actualidad: por ejemplo, Manuel Alcántara.


8. La libertad de opinión tiene como límite...

El respeto al prójimo.


9. Nunca sería columnista de...

Mientras me paguen dignamente y no veten mis opiniones, no veo por qué vaya a negarme. Creo en la sugestión de la palabra. Y, por lo tanto, me veo escribiendo acerca de jardinería, muebles o fútbol. Mi estilo variaría poco en cualquier caso. Buscaría los detalles, un ángulo desde el que sentirme cómodo. ¿Puede uno oponerse de manera habitual a la línea editorial de su periódico? Por supuesto que sí, siempre y cuando se tenga cierta astucia y se tome uno la molestia de argumentar sus opiniones. No hay más que hojear la prensa diaria para comprobar que los medios siguen unas directrices bastante nítidas en sus titulares de cabecera y a la hora de abordar las noticias, pero que al mismo tiempo existe en ellos una cierta convivencia ideológica en lo que a sus comentaristas se refiere.


10. ¿Todas las opiniones son respetables?

No. Todos los ciudadanos, sí.


(entrevista publicada el 28 de junio de 2004 en Sincolumna.es)
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