Recuerdos de la ciudad soñada

 



Argentino residente en España, con sólo 22 años este joven narrador fue finalista del Premio Herralde 1999 por su primera novela, 'Bariloche' (Anagrama).


P: Usted describe muy bien a Buenos Aires y Bariloche, pero vive en Granada hace años. ¿Cómo las conoce tanto?

R: Bueno, nací en Buenos Aires en 1977 y, digamos que por motivos musicales y políticos, en 1991 llegué a España. Como es natural, en el medio crecí, me eduqué y caminé en esa ciudad. Y la recuerdo muy bien. Primero, porque mi infancia son recuerdos de San Telmo, y segundo, porque a un escritor siempre le viene bien que la memoria sea intensa pero lejana: así sabe de qué habla, pero con libertad para inventar. En cuanto a Bariloche, estuve de muy pequeño y aún conservo esa primera impresión ingenua y asombrada. De todos modos, el Bariloche de la novela es real en su clima, flora y fauna, pero está muy manipulado. Es algo así como el proceso inverso de Macondo o de la Santamaría de Onetti: convertir en ficción una realidad, desdibujar un punto del mapa hasta convertirlo en territorio de la imaginación.


P: ¿Por qué eligió narrar la historia de un porteño que, a pesar de que es de clase media, trabaja de basurero?

R: La historia se me presentó de improviso, acaso como un modo de saldar cuentas con mi memoria. El protagonista, Demetrio, es basurero en dos sentidos: uno, como metáfora del ciudadano de esa Argentina que nace -o mejor, que empieza a morir- con el menemismo; como exponente literario de esa clase media que se degrada. Dos, como síntoma de la existencia vacía y miserable que suelen imponer las grandes ciudades. Ahora, ya dentro de la novela, Demetrio es basurero simplemente porque ése es su trabajo.


P: La novela cruza el lunfardo con formas lingüísticas típicas de España. ¿Qué efecto busca con esa mezcla?

R: No es exactamente una mezcla, sino una combinación muy pautada: el narrador es español; los personajes, argentinos, y se expresan como tales. Fue algo que me costó mucho trabajo y que resulta tremendamente importante para la narración: cada voz sabe perfectamente en qué dialecto habla. De lo contrario, sería una lengua inverosímil. Por otro lado, soy un híbrido cultural. Curioso, ¿no? Terminé escribiendo en mi dialecto materno como un extranjero.


P: ¿Cuál diría que es el tema central de su novela: el exilio, la desolación...?

R: Entre otra cosas, Bariloche trata sobre la mierda. La propia y la ajena. Y sobre cómo ambas suelen terminar confundiéndose, ya en una familia, un país o una sociedad. Al final la basura nos salpica, porque es nuestra; porque somos responsables de ella o al menos cómplices silenciosos. Y aunque hoy la ignoremos, un día aparecerá en medio del living de casa.



(publicada en el diario Clarín, Argentina, 16 de enero de 2000)
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