«El escritor es al mismo tiempo voyeur y exhibicionista»

 

Martín López-Vega



Pregunta: Cierra sus libros de relatos con sendos manifiestos. ¿Hay cosas que no se demuestran en la práctica?

Respuesta: Al contrario. La teoría muestra los descubrimientos hechos durante la escritura. Es como un diario de rodaje: hay cosas que no pueden salir en la película, pero interesan.


P: ¿Es el relato un género huérfano de crítica?

R: Desde luego. Con mis manifiestos he pretendido abrir un espacio de debate teórico sobre el cuento, que es algo que en este país no existe.


P: ¿Cómo está tan seguro de que el microrrelato será el género del siglo XXI?

R: Dada su naturaleza radicalmente contemporánea (su velocidad de transmisión, su construcción fragmentaria, su parentesco visual con el flash), la comprensión y valoración de la micronarrativa habrán de crecer pronto.


P: ¿Tan mala fama tienen los relatos que hay que defenderlos?

R: Al cuento le hacen falta militantes. Hace falta defenderlo de los sesudos guardianes del mamotreto, que parecen valorar los libros al peso.


P: ¿Por qué las novelas son más reconocidas que los cuentos?

R: Una cosa es que las novelas se vendan más, que los editores sean cada vez más conservadores, y otra muy distinta es que tantos críticos hayan convertido un fenómeno mercantil en un prestigioso criterio literario: ése que pretende que el cuento es el gimnasio donde se entrena el futuro novelista. ¿Acaso la orfebrería es el paso anterior a la arquitectura?


P: ¿Cuáles son los ingredientes del microrrelato perfecto?

R: Yo no soy quién para afirmarlo. Aunque, sean cuales sean esos recursos, prefiero que busquen la síntesis de una emoción antes que el ingenio: muchos confunden el microcuento con el chiste afortunado.


P: ¿No anda por ahí mucho relato disfrazado de novela?

R: Si se refiere a los argumentos estirados artificialmente, sí. Pero lo contrario tampoco es recomendable: intentar contar demasiadas cosas en un cuento, comprimir el argumento hasta asfixiarlo.


P: ¿Contar un cuento es contar una historia?

R: Es insinuarla. El lector debe enterarse de lo que tú no quieres contarle.


P: ¿Debe haber relación entre los relatos de un libro, deben ser hermanos?

R: No creo que sea buena la unidad a priori, querer hacer una novela disfrazada. Pero cuando ya tienes los relatos puedes escogerlos siguiendo su atmósfera, su hechura técnica...


P: Varíeme el famoso microrrelato: Cuando usted despertó, ¿dónde estaba el dinosaurio?

R: Cuando desperté, el dinosaurio todavía era ministro. O presidente.


P: Insiste en que se ha formado intelectualmente en España, pero asume la tradición inconsciente de un lector argentino. Aclárese.

P: Mi inconsciente es irremediablemente argentino: mi educación sentimental y familiar es argentina. Pero mi formación académica, mi vida literaria y mi presente pertenecen a España. ¡Cómo quiere que me aclare!


P: “Obsérvame observando”, dice la cita de Byron que usa en El jugador de billar. ¿Es más voyeur o exhibicionista?

R: Creo que escribir es ser exactamente las dos cosas.


P: ¿De qué va eso del eclecticismo responsable?

R: De que, si no sabemos leer nuestra época, escribiremos para el pasado. No podemos seguir defendiendo ninguna clase de escolasticismo estético ni de dicotomías abstractas, pero es necesario mantener alerta el juicio. Me gustaría aprovechar un máximo de tradiciones con rigor y conocimiento de causa.


P: Parece que le gusta todo. No me lo creo.

R: Acepto a priori todas las propuestas estéticas, no todos sus resultados finales. No me preocupa demasiado si el poeta cree que sus ideas provienen de las musas o de una fórmula matemática. Me interesan los poemas. La curiosidad es un buen antídoto contra el dogmatismo.


P: Dicen que la melancolía es lo más característico del alma argentina.

R: Argentina es un país construido por inmigrantes que ahora emigran. “Aquí”, para un argentino, es un adverbio confuso.


P: Me ha dicho un pajarito que no lee los diarios de sus colegas.

R: ¡Hay que ver qué ilustrados son los pajaritos que usted frecuenta! Los diarios pueden llegar a herir a algunas personas o violar su intimidad. Y como esas personas podrían ser amigos queridos, o yo mismo, prefiero leer otras cosas.


P: Parece que su lema sea: Llegué, vi, vencí. ¡Dígame que en la escuela suspendía Pretecnología!

R: Oh, es usted tan galante.


P: ¿Qué deja siempre para el último minuto?

R: Cuando era estudiante, preparar los exámenes. Ahora, enviar las últimas pruebas corregidas de los libros.


P: ¿Qué espera Andrés Neuman?

R: Seguir enamorado de escribir.



(publicada en El Cultural del diario El Mundo, 14 de noviembre de 2001)
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