Entrevista en Club Cultura

 

Diego Salazar



El prolífico autor de ‘Bariloche’ regresa con un nuevo libro de relatos, todo un manifiesto en favor del género: ‘Alumbramiento’. Novelista, cuentista, ensayista, poeta, traductor, el argentino Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) parecer tener claro que de lo que aquí se trata es de escribir, que el género es lo de menos, que hay trabajo por hacer e ideas que expresar y cada una requiere una extensión propia, un énfasis distinto. Tras su última novela, ‘Una vez Argentina’ (Finalista del Premio Herralde 2003), Neuman regresa a las librerías con un libro de relatos, ‘Alumbramiento’, editado por Páginas de Espuma, abocada en exclusiva a la publicación de libros de cuentos. Y ya aquí, en la selección de editorial, hay toda una expresión de intenciones. Neuman se halla convencido de que la salud del cuento en español es estupenda, pero no ocurre lo mismo con los mecanismos que hacen llegar los libros a los lectores. El cuento, lo dice Neuman en esta entrevista, se haya desvalido en términos editoriales y hay que hacer los posible por invertir esa situación. De la situación del relato corto, del oficio de escritor y de otras preocupaciones de género conversamos con el autor.



-¿Por qué parece que hay que defender al cuento, por qué pareciera que se haya siempre bajo sospecha?

Pareciera que hay que dar explicaciones, explicar por qué no una novela. Y esto resume un poco la paradoja en que se haya sumido el género. En términos editoriales, ojo, en términos literarios goza de una salud excelente y no temo nada por él. Estamos hablando de las condiciones que hacen posible que un género se difunda más o menos, que no es lo más importante pero tampoco es secundario. Porque si no sería tan fascista como decir: "No, el teatro está muy bien, eso sí, que las subvenciones se las busquen ellos. ¿Y público? Bueno, si no tienen público que se aguanten. Pero bueno, haced teatro". Va un poco junto todo, que el teatro tenga buenos autores, no significa que no necesita de unos mecanismos que ayuden a que llegue al público. En ese sentido, el cuento, como género más desvalido en términos editoriales, siempre tiene que estar comparándose con otros. Algo que no le ocurre ni a la novela ni a la poesía. Esto es lo que a mí me convirtió, en términos públicos, en un pequeño militante del género. No porque yo pienso que el cuento es mejor que la novela, sería una estupidez en general y una contradicción en particular dado que yo he escrito novelas. Pero creo que la novela no necesita una militancia extra, sería como darle una subvención al rico, no hace falta.


-¿Y cuál cree que es la razón de ese desvalimiento?

Creo que lo que ocurre es que el cuento no tiene definidos sus espacios editoriales específicos. No porque sea minoritario, esa no es la explicación. Porque, por ejemplo, la poesía tiene sus editoriales, rara vez las editoriales de poesía, las reconocidas, pasan grandes apuros económicos, a ver, tienen que buscarse la vida muy ingeniosamente como todo pequeño empresario, pero uno ve que van saliendo nuevas editoriales de poesía. Además de tener editoriales como Visor, Hiperión o Pre-Textos, que llevan 25, 30 años existiendo. Lo que quiero decir con esto es que las editoriales que se dedican al minoritario y poco rentable género de la poesía, no parecen estar deseando haber sido editoriales de novela. Entonces, ¿qué es lo que ocurre con el cuento? Lo que ocurre es que, siendo un género no extremadamente popular, aunque no tan minoritario como la poesía, convive sistemáticamente con la novela en el mismo espacio. Eso es lo que lo destruye, no el no ser una novela, sino no tener su casa. Cuando las ha tenido, al cuento le ha ido bien, en países donde siempre las ha tenido, como Estados Unidos, el cuento no tiene ninguno de estos problemas y no se puede decir que no haya novelistas en EE. UU. Por eso es que me ha pasado a Páginas de Espuma, porque creo que el futuro del cuento en español, no exclusivamente porque hay excelentes editoriales como Tusquets que también publican cuentos, pero sí buena parte del futuro del cuento pasa porque empiecen a surgir editoriales que se ocupen del cuento de manera monográfica o preponderante. Esa es mi impresión, corroborada en parte por el creciente éxito de esta editorial. Una editorial pequeña, independiente, que tiene sólo seis años y que se ha convertido en la editorial puntera del género.


-Hablando ya del libro, mientras lo leía me daba la sensación de que es una especie de gran homenaje a una serie de maestros del cuento. Algo que es obvio en la tercera parte, Lecturas, pero que no quedaba sólo ahí, es decir, como si el libro estuviera repleto de guiños y referencias a Chejov, Kafka, Monterroso, Cortázar, etc…

Bueno, formulada así esa idea sólo lo tuve presente en la tercera parte, que son alusiones explícitas. En el resto, casi siempre son casualidades. Los homenajes, para que a mí me gusten como lector, no han de ser un programa estético de pedantería. Una cita, una alusión, para mí es como cuando vas caminando por la calle y de pronto, por algún motivo, te acuerdas de alguien. Si la cita pasaba por ahí, bien. Ese es el tipo de intertextualidad que me interesa, la que viene al caso y se evoca con una sonrisa. Muchas veces, caminando por el cuento, recuerdas un pequeño gesto de un cuentista que te gusta y te permites, muy fugazmente, dejar asomar la presencia de ese cuentista. En ese sentido, sí me gustan los guiños. No me gustan los escritores cuya gracia consiste en que aluden a otro escritor, porque yo personalmente creo que la literatura es un instrumento para entender la vida, no para entender la literatura. Creo que la literatura no es un fin en sí mismo.


-¿Los dodecálogos que incluye al final del relato, esa suerte de consejos para cuentistas, son posteriores o anteriores a la escrita de los relatos?

Posteriores, posteriores. A mí la teoría que me interesa, porque soy escritor y no académico, es la teoría simultánea o posterior. También simultánea porque creo que la teoría del escritor siempre es como un diario de rodaje, un making off. Estamos en la época de los DVD con extras así que no debería sorprendernos, aunque parece que la literatura siempre va con corbata y tiene que estar explicando lo que en otros medios está claro. Para mí son como los extras del DVD, y la razón de esos extras está en el libro, no es que el libro es una demostración de esos extras, por eso siempre pongo un pequeño epílogo teórico, un epílogo y no un prólogo, porque no es la puerta para entrar al libro, es la consecuencia del libro. Si esto fuera un deporte estaría muy claro. Para mí la teoría es el momento en que el futbolista, en el entretiempo, piensa en el vestuario lo que va a hacer en la segunda parte. Reflexiona acerca de cómo ha ido la primera parte y qué va a hacer en la segunda. Una reflexión teórico-práctica, en el durante.


-La primera parte del libro, "Otros hombres", es una especie de reflexión alrededor del papel del hombre en la actualidad. ¿Se planteó los relatos de esta forma?

No, fue poco a poco. Jamás dije: Voy a escribir doce relatos acerca de este tema. No fue una decisión consciente, me di cuenta a mitad del proceso, como suele ocurrirme. En algún momento, entre la mitad y el final uno va empezando a entender lo que estaba haciendo. Como decía Valéry: "Si un escritor sabe muy bien lo que quiere hacer, esa certeza le empañara la visión de lo que ha hecho". Lo dijo en el prólogo de Cementerio marino y me parece una verdad como una catedral. Entonces, yo no sabía muy bien lo que estaba haciendo pero cuando reuní unos cuantos cuentos descubrí que había un hilo común. Yo tengo amigas feministas, tengo incluso una pareja feminista, nada dogmática, con las que hablo de estos temas. Yo he aprendido mucho de ese pensamiento, un pensamiento reivindicativo pero que escucha, consciente de las complejidades que entrañan las relaciones entre los dos sexos. Pero hubiera sido una demagogia escribir un libro lleno de personajes femeninos, sobre mujeres y para mujeres. Creo que lo honesto en mi caso era, desde mi condición de hombre, intentar aprovechar lo que nos ha enseñado el pensamiento de género y la revolución feminista. Y creo además que el pensamiento de género no es una cuestión de mujeres, esto debiera ser una obviedad decirlo pero no lo es, cualquiera que tenga un género puede aprender del pensamiento de género y replantearse sus propios roles. Porque, hasta donde yo he entendido, el pensamiento de género permite la emancipación de los roles que se te atribuyen a priori, aquellos que se te imponen por la vía de la educación, sean roles sexuales, profesionales, emocionales, públicos, privados, etc. Visto así, no veo por qué los hombres no podamos aprovechar ese pensamiento, dado que los hombres también tenemos un montón de fetiches, mentiras, estereotipos, imposiciones artificiales, que han oprimido a la mujer pero también nos han oprimido a nosotros y nos han obligado a ser de una manera que a lo mejor no nos hace felices.


-¿Se encuentra en crisis la masculinidad?

Sí, así es, pero no debemos olvidar que crisis no es únicamente un término negativo, las crisis son momentos de cambio, las crisis son las madres de las ideas. Cuando yo digo que el libro está protagonizado por hombres en crisis, no quiero decir que lo lamento por esos hombres, quiero decir que esos personajes a mí me han enseñado mucho. Pero claro, nosotros no somos los autores de Memoria de mis putas tristes, no somos de esa generación ni de esa ideología, y lo digo de un señor que al que admiro muchísimo como escritor y del que yo no renegaría nunca como lector. Ahora, yo no puedo hablar de “mis putas tristes”, a mí me esto me parece, literalmente, del siglo pasado. Entonces, claro, me parece que a nuestra generación le ha llegado el momento de dejar de lado eso de contestar al feminismo con una especie de susceptibilidad, de delirio de persecución, de desconfianza, de pensar que van contra nosotros. No van contra nosotros, están intentando que todos vivamos un poquito más relajados y más libres. Porque en una pareja el intercambio de roles es liberador. Se trata de eso. Es más, sin pensamiento de género no se puede ni follar a gusto. Hay que ver el feminismo y aprender de él, de sus diferentes fases. Tuvo una primera fase de la mujer con corbata, etc. Estuvo la fase de “dejarnos a nosotros solas”. Y cada fase tiene su lógica, pero hoy nos encontramos en una etapa distinta. Es necesario que los hombres nos incorporemos al pensamiento de género, porque de lo contrario seguirá habiendo estos personajes trágicos como son las “mujeres profesionales y amas de casa”, enfatizando ese “y”. Mujeres que en casa se comportan como se comportaban sus madres y fuera son ejecutivas, toman decisiones, etc. Esto es porque el hombre no ha modificado su rol de forma paralela al rol de la mujer. Por ello, en mi opinión, la mujer debería ser la primera interesada en, una vez que ha accedido al mercado laboral, ahora que hay parte del camino hecho, que hay cimientos colocados sin el hombre porque el hombre no quería en su momento, pues las mujeres deberían ser las primeras interesadas en que el pensamiento de género llegue a los hombres, y que ahí también haya un replanteamiento de los roles.


-¿Partiendo de ahí, nos encontramos ante el inicio de una nueva forma de concebir las relaciones entre ambos sexos? ¿Cree que ocurrirá en breve, que está ocurriendo?

Sí, claro. Está ocurriendo. Todo esto está ocurriendo, se puede ver en el día a día. Este libro, como te decía antes, no es una pieza de ideología. Es un libro con ideología pero que nace de una preocupación vital, de la comprobación de que hay algo en el ambiente que está cambiando. Yo he visto como mis relaciones han ido cambiando. Ahora yo tengo una relación con una mujer que hace estudios de género y no hay ningún conflicto. Ni de ella conmigo, ni yo con ella. Ella me consulta para sus escritos supuestamente de mujeres para mujeres, en congresos sobre feminismo. Y ella no piensa que le está dando armas al enemigo, no piensa eso, ni mucho menos. Del mismo modo yo le enseño mis cosas, cuando estoy construyendo un personaje femenino le pido que me lo acribille. Las relaciones están cambiando, tienen que cambiar más aún, y la toma de conciencia de los hombres, el pensamiento de género masculino, hoy inexistente, es una de las claves para esa evolución de las relaciones sentimentales.


-Volviendo un poco a la literatura. Leía el otro día en una entrevista que decía que te hallabas más cómodo escribiendo varios libros a la vez ¿Es cierto esto?

Lo que ocurre es que escribir es un proceso tremendamente obsesivo que puede llegar a destruirte emocionalmente. Es un proceso lleno de dicha, de placer, de aprendizaje, pero también de inseguridad, de miedos, etc. Entonces, lo que a mí me pasa es que cuando estoy sólo con un libro y me veo ahogado en los conflictos de ese libro, si no puedo salir de ellos me veo hundido. Por eso trabajo en más de un libro, porque así, cuando me veo ahogado en uno de ellos no pierdo ni un minuto y salto al otro. Si bien trabajar en más de un libro a la vez hace que me tomen más tiempo, pero me resulta mucho más descansado. Eso sí, procuro que sean de distinto género, nunca son dos novelas ni dos libros de poemas ni dos de relatos.


-¿Cómo escribe?

Depende. Cuando estoy con una novela, como ahora, procuro escribir todos los días. Jamás por las mañanas. No me sale. Por la tarde o por la noche, necesito que sea siempre después de almorzar. Una comida ligera, dos cafés, uno detrás de otro, y cuando noto que la digestión empieza a terminar, voy corriendo a sentarme a escribir. Me paso la tarde o la noche entera, procuro disponer de unas diez horas para hacer algo, lo que sea, al menos corregir lo ya escrito. No salgo a la calle, no me acuesto si no hago algo.


-¿Tiene manías?

No, mi única manía es la cantidad de trabajo. En esto soy algo judeocristiano, no soy una persona religiosa pero supongo que esa ausencia de grandes valores por algún lado tenía que joderse, y es por la culpa de no trabajar. No soporto no haber trabajado. Y como mi trabajo me gusta, tampoco es difícil evitar esa culpa porque trabajar se me hace fácil. No tengo ninguna manía en cuanto al procedimiento pero sí tengo una manía por sentir que he trabajado, ese dolor de cuello o de espalda que te hace decir: Joder, hoy he trabajado. Ahora, he aprendido a escribir en trenes, autobuses, bares…Prefiero escribir en mi escritorio, claro, con relativo silencio, paredes blancas. Es lo que prefiero, pero si tengo que escribir en una café lo hago. Hoy por ejemplo, mi vuelo a Madrid se retrasó, miré la hora, conecté el portátil en la cafetería del aeropuerto y escribí 24 líneas de la novela en que estoy trabajando. No era lo ideal pero no voy a estar necesitando que suene Schubert mientras llueve tenuemente a las seis de la tarde…así no se escribe nunca, ese romanticismo es la mejor excusa para no escribir. Las manías hay que tender a reducirlas para que se imponga la escritura misma. Y yo tenía muchas, eh. Yo parecía una quinceañera enamorada, cuando tenía quince años me perfumaba las manos a la hora de sentarme a escribir. Es hasta bonito contarlo pero muy poco práctico hacerlo. Yo pensaba que si las manos estaban perfumadas las palabras que salían de ahí serían más cálidas, más gratas, más seductoras. Y escribía a mano, claro. Y me ponía música de cámara para sugestionarme…En fin. Todas esas cosas, hasta que entiendes que, como decía el dibujito de George Harrison en Yellow Submarine, “It’s all in the mind”.


(ClubCultura.com, Club Literatura, noviembre de 2006)