Andrés Neuman, fragmentos de vida

José María Pozuelo Yvancos

 



Avanzado este libro, reproduce Andrés Neuman una reflexión de Fernando Iwasaki: «Cuando recién me instalé en Sevilla, descubrí que era imposible dejar de mirar España como latinoamericano; mas después de vivir aquí más de la mitad de mi vida, he descubierto perplejo que también puedo mirar América Latina como español». Pensamiento que define también a Neuman y a una generación de escritores latinoamericanos nacidos a partir de los 60 que entiende la literatura como una creación apátrida y extraterritorial.


La naturaleza hispano-argentina con que suele definirse a Neuman le sirve aquí como juego, pero también como mirada híbrida: el viaje con pasaporte español comienza paradójicamente en Argentina. Tal hecho define una condición excéntrica de la mirada, sin la cual un libro como éste habría sido imposible.

Sin ella, además, resultaría difícil caracterizar a un grupo generacional que comienza con un Bolaño chileno que quiso ser mexicano y terminó en Cataluña; que continúa con Rodrigo Fresán, argentino tan barcelonés como rioplatense, y que sigue con Juan Carlos Méndez, venezolano madrileño, o con Daniel Mordzinski, el fotógrafo argentino a quien este libro viene dedicado, alguien casi tan parisiense como lo fue Cortázar.
 Neuman y Patricio Pron, por ejemplo, han escrito sus dos novelas más valiosas como un comentario a Alemania. Con la titulada El viajero del siglo ha ganado aquél el último Premio de la Crítica. Está por analizar, pues, esa parcela de autores transfronterizos nacidos de la última emigración americana que son europeos y latinos, de allá y de aquí.

Hay otras cualidades: la de ser escritores cuya obra se desarrolla paralela al surgimiento de internet; la de ser políglotas muchas veces y, en cierta medida, sospechosos de no pertenecer, en términos identitarios, a ningún lugar de modo completo, porque la patria de cada cual viajó con sus ideas, su necesidad o quizá con su madre, como apunta Neuman.

He querido presentar esa mirada de una América propia/ajena como condición primera, porque creo que es la que define mejor el conjunto del libro. Cuando leí la contracubierta pensé: ¡que error (horror)!, un viaje promocional de su novela El viajero del siglo, novela que tanto me había gustado; y continué pensando: ¿pero qué necesidad tiene Neuman, en el mejor momento de su carrera, de plegarse a escribir tan pronto otro libro y darnos un texto de circunstancia? Luego he visto que ha hecho virtud de esa necesidad y que ha construido una obra estupenda. Ahí se muestra que es escritor de verdad: ha sacado literatura de donde se prometía un viaje plano. Para ello se ha servido de dos opciones que nutren el estilo.

Por un lado, ha evitado la crónica narrativa. En su lugar, ha elegido el fragmento, la minicrónica, el fogonazo de una situación, un encuentro, una comida, una conversación en el taxi, sin olvidar los aeropuertos, con el rellenado de las visas de entrada (lo que en sí mismo serviría para una radiografía de cada país, desde la hostil Venezuela chavista, exigiendo el pasaje de vuelta, hasta la sutil Costa Rica). Neuman aprovecha la dilatada experiencia que tiene como cultivador de prosas hiperbreves y de aforismos, dos géneros muy suyos. Únicamente le falta su faceta de lírico, que aquí amortigua demasiado, cuando alguna estampa podría haber permitido esa veta.


La otra condición estilística del libro es que, por fortuna, no habla de la promoción, de comidas y cenas con quiénes y cuántos. Deja eso fuera con mucho tino. Aparece, sí, la literatura de cada país visitado. Todas las naciones de la América de habla española tienen en estas páginas algún libro del que se habla. Podría hacerse una Historia de la reciente literatura americana recorriendo los libros y autores que cita. Muchos, para mí, desconocidos, porque no son los de siempre. Hay otra reflexión hecha en Lima, ante un ejemplar de 2666, de Bolaño: ¿qué joven americano puede pagar los 207 soles (49 euros) que vale el libro importado? Incomunicación material, editorial, económica.


En estos fragmentos hay mucha política, felizmente también, pero porque no es políticamente correcto, como uno se teme siempre que sean los autores por la necesidad de no herir o de no ser sospechosos de parte. Neuman ha conseguido en su mirada ser tan «sospechosamente» izquierdista como valiente denunciador de las tropelías dictatoriales de quienes se acogen a un izquierdismo de soldadía militar. El autor del libro no respira bien en Venezuela, por un inevitable comandante Chávez, pero tampoco en Colombia, cuando todo lo llenan los militares. Respira hondo, variopinto y vital, en Bolivia, en Guatemala, en un Perú que le sale literario o en Paraguay, donde enseña una realidad lingüística desconocida.

Una curiosidad: el libro mejora cuanto más lejos está de su origen e inicio. La etapa que me ha parecido más plana y pobre es la rioplatense. Quizá ese déficit tenga que ver con la virtud que nutre las otras miradas: son tanto más ricas cuanto menos le conciernen personalmente. Lo mejor del libro lo da la materia misma: una América tan compleja, tan variada, con tantas historias y tipos que van desfilando por sus ciudades, con tanto sabor de mitos vivos y de lenguaje, que el lector piensa que no hay ficción capaz de competir con una realidad que parece albergarla, como si la ficción fuese una natural forma de ser imaginativamente, incluso cuando de lo que se trata sea un hecho tan nimio como el de rellenar un boleto en la aduana; hay preguntas que parecen salidas de un cuento. Y que únicamente la literatura, por cierto, puede contar de tal modo. Porque lo que aquí es mirado (qué libros hay en el aeropuerto de Santiago de Chile, por ejemplo) no hay guía de viaje que lo señale.


(crítica publicada en el suplemento cultural del diario Abc, 8 de mayo de 2010)
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«Un libro de viajes panamericanos escrito casi en el aire. Las greguerías de Neuman procuran descoser fronteras. Aforismos de todo tipo (de la fina paradoja a cosas más gamberras...), conversaciones, e infinidad de citas de poetas y escritores vivos y muertos. Y, por supuesto, se emplea en sentencias de caracteres nacionales y en las mismas ciudades. Pero el papel más importante se otorga a los jóvenes compañeros generacionales. Los coetáneos coetanean en este libro. Los taxistas también aportan citas.»

(Álvaro Cortina, El Mundo)
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«Un retrato impresionista y fragmentado del continente donde nació y que defiende y critica a partes iguales. Un magnífico fresco de reflexiones cuyo mayor problema puede ser ahora que le obligue a hacer otra gira, otro libro… y así hasta el infinito.»

(Daniel Verdú, El País)
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«El autor hace que lo difícil parezca fácil, él, que es novelista, poeta, cuentista, ensayista, acomete Cómo viajar sin ver en un tono confesional de diario, quizás sería más apropiado decir de blog. Alcanza la complicidad con el lector casi sin proponérselo. Y eso hace de este libro un artefacto endiabladamente entretenido. El estilo es casi siempre rápido, urgente, a veces la sintaxis llega a ser telegráfica, pero en otras ocasiones se recrea en pasajes de inesperado lirismo. Se aprecia en Neuman una tal vez involuntaria voluntad de imponer sentido a Latinoamérica, a la que se acerca como algo propio y extraño a la vez. Un librito fresco, ecléctico y divertido.»

(José María Moraga, Estado crítico)
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«Un diario del pensamiento apresurado, que en la reflexión de Andrés Neuman es agudo, profundo, poético y descarnado. Justifica su mensaje con un interés que te hace partícipe del mismo, que hipnotiza hasta sentir que es suficiente, pero realmente te gustaría saber más, siempre que fuese él quien lo contase.»

(Jacinto Ruiz, La voz de Galicia)



«Viajar es leer nuevas caras, acariciar otras calles, pasear otros cuerpos y encontrarte con otras músicas. Y otros libros. Viajar es, también, no moverte de tu habitación. Ahora sigo viajando en compañía de Andrés Neuman. Otra vez hablé de sus aforismos reunidos en un tomo que llamó El equilibrista: “Se escribe desde dos lugares: el agradecimiento y el rencor”. Yo vuelvo a Neuman por el agradecimiento. Su recorrido se llama Cómo viajar sin ver. Un buen título, aunque mentiroso. El autor se pasa el día viendo y haciéndonos ver.»

(Javier Rioyo, El Boomeran(g))
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«Un libro de viajes atípico. Llevará a meditar sobre esa forma de viajar que se impone hoy: frenética, donde el tiempo es el protagonista, lo que obliga más al parpadeo, al fragmento que a la visión total del conjunto. Quizás sea esto lo que da al libro un atractivo inesperado.»

(Ramón Clavijo Provencio, Diario de Jerez)
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«Un texto hermoso, muy rico en imágenes y sonidos y que demuestra una vez más el dominio de Neuman sobre su oficio. Elaborado con el equilibrio de los buenos aforismos, con la estética de los buenos poemas. Aquí estamos en constante movimiento, en constante contacto, listos siempre para saltar de un párrafo a otro como si fuese una suerte de metáfora de ese despegar y aterrizar constante. Un texto para disfrutar de la diversidad de Latinoamérica, para leer a saltos cómo son las cosas por allá (o por allí), para mirarnos en un espejo acá (o aquí), para reírnos de tantas sutilezas que nos esperan en cada esquina de nuestra común lengua. Un viaje en el que veremos sin ver de la mano de uno de los grandes escritores contemporáneos.»

(Pedro Crenes, El placer de la lectura)
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«Un libro de chispazos que no está edificado sobre la frivolidad o sobre la brillantez visual, sino sobre la perspicacia de la mirada. Andrés Neuman tiene unas gafas que son sólo suyas, y a través de ellas miramos.»

(Luisgé Martín, Gente)
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«Este Cómo viajar sin ver es quizás, en la ya abultada obra del escritor hispanoargentino, un momento de profundidad donde destacar aquellas ideas ensayísticas que se esconden detrás de sus ficciones. Pero además, este diario es un conjunto de instantáneas divertidas, fugaces, conmovidas y conmovedoras, deslumbrantes destellos de una pluma privilegiada.»

(Guillermo Roz, Periodista Digital)
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«Neuman es un maestro en las distancias cortas. Notas y aforismos escritos con esa habilidad que caracteriza al granadino-argentino para interesar a un posible lector que, como él, distingue lo particular de lo colectivo. Lo curioso de este libro, pensado fragmentariamente, es poder leer cómo son las cosas de allá o como son las cosas de acá, y así poder disipar, de una vez por todas, sutilezas que, más que alejarnos, nos acercan al menos en un lenguaje común.»

(Pedro Domene, La tormenta en un vaso)
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«Lo sorprendente es que esta veloz y singular manera de viajar, “hipérbole del turismo contemporáneo”, haya dado para tanto, proporcionándonos una visión instantánea de numerosas ciudades en una prosa casi siempre sobria, auténticamente literaria. A partir de ahora, todo viajero curioso que recorra Hispanoamérica debería llevar consigo este libro portátil, apasionante y verdadero, de alguien que sabe oír y mirar sin prejuicios, con la lucidez que le proporciona su visión generosa. Neuman, tras este sostenido sprint hispanoamericano es ya –por excelencia– el viajero del siglo; el viajero del siglo XXI.»

(Fernando Valls, Ínsula, nº 776)
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«La escritura es dinámica, pero también lúdica al punto de que el libro se deja leer a las carcajadas en varios pasajes. Definitivamente no se trata de un libro tan serio, o tiene en todo caso el peso de la seriedad con la que juegan los niños, citando muy libremente a Nietzsche. Cómo viajar sin ver ha sido catalogado como un ensayo, como diario de viajes o bitácora. Sin embargo se parece a una ficción fragmentaria, posmoderna, cuyo personaje principal, Andrés Neuman, es un hijo díscolo del Holden Caulfield de Salinger. Entonces el libro pasa a ser algo así como una novela de iniciación. Esto no va en desmedro de su interés. Por el contrario, que el libro pueda proponer esta segunda lectura habla del momento literario de Neuman. Su pluma está afinadísima.»

(Juan Manuel Candal, Leedor.com)
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