En las entrañas del desarraigo

J. Ernesto Ayala-Dip

 

Demetrio, el protagonista de Bariloche, primera novela aunque no primer libro (publicó cuentos y ganó premios de poesía) del escritor argentino nacionalizado español Andrés Neuman, monta puzzles por las noches. De día trabaja de basurero en Buenos Aires. Su compañero de faena es el Negro, un individuo pluriempleado que tiene una mujer llamada Verónica y con la cual Demetrio mantiene una relación de adulterio en toda regla; al Negro lo engañan su mujer y su colega. La novela de Neuman se desenvuelve al borde de un peligro de esquematización, porque los espacios de que dispone el autor representan dos mundos antagónicos, no sólo porque uno existe y el otro sólo lo hace en la memoria de Demetrio, sino porque también en la mente del lector quedarán fijados como dos paisajes irreconciliables, dos maneras físicas de vivir y de estar en el mundo imposibles de soldar. Pero para suerte de la buena literatura, de lo que debe ser una precisa disposición de los niveles discursivos, de lo que se entiende como potencia evocadora y desoladora de las descripciones, para suerte de todo ello, Andrés Neuman, con veintidós años, no solamente elude aquella esquematización, sino que da una soberna lección de narrativa comprometida con algunos dolores del mundo y con el rigor artístico.

Bariloche está dividida en setenta y cinco pequeños capítulos, donde se alternan distintas voces: la voz de Demetrio (nombre que no está para nada relacionado con el motivo literario que Lope de Vega y Schiller desarrollaron) cuando busca en su pasado, la voz omnisciente cuando sigue la ruta que Demetrio y el Negro cumplen tras los desechos de la gran urbe, y una especie de voz neutra que es como la quintaesencia de la representación de la naturaleza en estado puro. En realidad, Andrés Neuman tiene que trabajar en varios frentes, tiene que dar voz al Negro, una soberbia y ajustadísima recreación de la lengua porteña y de cierta idiosincrasia también porteña, tiene que resultar convincente a la hora de hacer que la Bariloche que evoca Demetrio no parezca una mala copia proustiana y sí nos conmueva por una esencial manera de entender el lirismo narrativo (ni blando ni llorón), tiene que darnos una idea exacta de cierto tono rufianesco, tiene que aproximarnos con plenas garantías de que los encuentros entre Verónica y Demetrio tienen el riesgo de lo clandestino y lo tristemente sin futuro, sin ese tufillo de cine americano malo, es decir, sin ese frenesí sexual casi sádico ni ese amaneramiento de fotografía de Helmut Newton. En el capítulo de la escritura hay que hacer nota que Andrés Neuman tampoco lo tenía fácil, un escritor que vive en la Argentina hasta los catorce años y que el resto lo pasa en España. Estamos, por tanto, ante dos escenarios distintos de una misma lengua. ¿Cómo escribir, entonces? ¿Qué español hacer funcionar? Andrés Neuman opta por una lengua plural, la que se habla y escucha en determinadas áreas sociales y urbanas de Buenos Aires y la que hace posible referenciarla al español peninsular, como si con esa solución se diera por sentada una escritura de ficción que puede moverse con soltura y naturalidad (no con facilidad, porque este es unos de los desafíos de este libro) en las tradiciones narrativas argentina y española.

La cita de John Berger que encabeza esta conmovedora novela no es casual, es la clave que nos da su temperatura moral y desesperanzada. Andrés Neuman ha creado, a través de su protagonista, la medida de un héroe que ha abandonado un paraíso para adentrarse en las entrañas del desarraigo, uno de los males incurables de este siglo. La línea de luz que persigue a Demetrio desde su niñez es lo menos retórico del libro, las verdaderas evocaciones nunca lo son, en ellas hay que apoyarse para decidir lúcidamente qué hacer finalmente con nuestra existencia.

(Babelia, 4 de diciembre de 1999)


«Entre los jóvenes escritores que ya han publicado su primer libro, Neuman quizá sea el más joven de todos y su precocidad, que aparece ornada de relámpagos y hallazgos, no es su mayor virtud. (…) La novela de Neuman me subyugó, si es posible utilizar este término de principios del siglo XX, y me hipnotizó a partes iguales. Ningún buen lector dejará de percibir en sus páginas algo que sólo es dable encontrar en la alta literatura, aquella que escriben los poetas verdaderos (…) Nada en sus páginas suena a impostado: todo es real, todo es ilusorio, el sueño en el que se mueve como un sonámbulo Demetrio Rota, el basurero bonaerense, es el sueño de la gran literatura y su autor lo escancia con palabras y escenas precisas. Cuando me encuentro a estos jóvenes escritores me dan ganas de ponerme a llorar. (…) La literatura del siglo XXI les pertenecerá a Neuman y a unos pocos de sus hermanos de sangre.»
(Roberto Bolaño, Entre paréntesis)


«Un autor que sabe construir una novela, es capaz de abordar en ella dolientes inquietudes y amarguras de la vida, y maneja el relato con exquisita depuración. Una auténtica novela del aprendizaje en la cual se renuncia a lo accesorio en favor de lo esencial y del arte de sugerir.»
(Ángel Basanta, El Cultural)
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«Esta primera novela tiene mucho bueno y digno de encomio. Lo mejor a mi gusto es la espléndida manera en que la obra está organizada y el ritmo con que se desvela la trama. La creación de los personajes, más la mezcla de lenguajes hispánicos, demuestran don de creador.»
(Germán Gullón, Abc Cultural)
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«Magnífica primera novela. Entre las cosas que resultan admirables en este novelista de veintidós años, aparte de su dominio del español peninsular y del argentino, y la hábil estrategia compositiva de la polifonía resultante, pueden señalarse el lirismo descriptivo de muchos momentos, la técnica de recuperación de la infancia de Demetrio, el tratamiento preciso de los caracteres con gran economía de medios y la capacidad de evocación y de misterio.»
(Francisco Díaz de Castro, Diario de Mallorca)


«Heredera de las técnicas desarrolladas por Cortázar en Rayuela y de la desesperanza de Onetti, esta novela con su prosa poética y su exigente estructura se convierte en uno de los relatos que, con mayor sencillez y eficacia de recursos, ha captado el drama del hombre en nuestro tiempo.»
(Samuel Serrano, Cuadernos Hispanoamericanos)


«Con tan sólo veintidós años, Andrés Neuman se ha revelado como un excelente prosista en esta obra. Una encomiable primera novela que apunta rasgos de asombrosa madurez.»
(María S. G., Letras)


«Andrés Neuman es dueño de un inusual sentido de la construcción. Una obra que a nuestro entender revela a un novelista del que cabe esperar lo mejor.»
(Luis Alonso Girgado, Diario Córdoba)


«Neuman reconquista una actitud reflexiva y responsable ante el hecho literario, que buena falta hacía.»
(Enrique Turpín, El Periódico)


«Bariloche es bastante más que la promesa de un nuevo escritor; es una mirada extrañada sobre las ciudades y un conflicto con el lenguaje de pertenencia.»
(Claudio Zeiger, Página/12, Argentina)


«Demetrio propone una nueva utopía de fin del milenio. Rompecabezas para revalorizar el desacreditado hábito de pensar y recordar, trabajando en los bordes del sistema la novela propone una parábola muy interesante sobre el salvataje de la identidad en un mundo que la agrede permanentemente.»
(Alejandro Fontanela, La Nación, Argentina)
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«Neuman demuestra unas espléndidas dotes de narrador y organiza perfectamente el relato, al que dota de una consistencia admirable en un narrador novel. Andrés Neuman se incorpora por la puerta grande a la narrativa española.»
(Salvador Alonso, Ideal)


«De manera irreductible, el Premio Herralde vuelve a apostar en su palmarés por combinar juventud y calidad. Andrés Neuman aúna ambas en su debut novelístico. Una parábola sobre la memoria, con una magnífica prosa, que se sabe mover con gran acierto entre la solidez y el lirismo, y que posa un pie en ambos lados del océano.»
(Quim Pérez, Mundosonoro)