Marina es el lector

Vicente Luis Mora

 

Siete libros en cuatro años, más algunas entregas menores o a dos manos, sería un dato preocupante o insolente para cualquier autor; más aún si ese escritor ha cumplido apenas los veinticinco. Pero lo que asombra en Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) es el más que digno tono medio de todas esas publicaciones, cuya últimas entregas (El último minuto y el ganador del pasado premio Hiperión) hacen que sopesemos el uso de la palabra ‘madurez’, dejada atrás ya con El que espera y El jugador de billar la expresión ‘dominio técnico’.

Entrando en La vida en las ventanas, desde hace seis o siete años, coincidiendo con el boom de Internet en nuestro país, oímos periódicamente una tesis algo peregrina y retórica, por la cual la difusión del correo electrónico habría llevado a cabo una milagrosa resurrección de la ‘literatura epistolar’. Dejando de lado la calidad de tales expansiones comunicativas, por lo general a la altura de los mensajes cortos o SMS, y aun las necesarias diferencias con la correspondencia ‘analógica’, postal o tradicional, lo cierto es que sí ha contribuido a su puesta en valor, en tanto en cuanto varios escritores han comenzado a estudiar sus modos de funcionamiento en aras de su utilización artística. La vida en las ventanas así lo prueba, como demuestra que Net, el narrador en primera persona, utilice la palabra ‘epístolas’ (p. 61) para referirse a sus envíos.

Aunque no es la primera vez que se adopta esta forma (se adelantaron hace algunos años los autores Palma/Infantes con El amor en los tiempos del chat), sí es la primera en llevarla a buen puerto literario. A través de misivas, Net va construyendo fragmentariamente su vida, sus inquietudes, sus estudios,y recupera parte de su pasado en común con Marina, la invisible destinataria de los correos.

En la presente obra de Neuman se advierte una preocupación general por elucidar algunos temas muy presentes en la realidad contemporánea: la desestructuración de la familia, el éxtasis catedralicio de los centros comerciales, la ruptura del rol masculino y la igualdad de sexos, la importancia de la publicidad, las nuevas tecnologías. La vida en las ventanas es, desde su título, una narración sociológica. De todos estos aspectos, es la descripción de la vida familiar de Net, a mi juicio, el mejor tratado. Las tensiones entre los cuatro miembros de la familia están dibujadas con maestría: el suicidio del abuelo (un tema ya tratado en El último minuto) abre una serie de resonancias que se proyectan sobre el presente de la familia, especialmente sobre Net, cuyo papel zanja Neuman con una excelente frase: “Salí a la calle con la incómoda sensación de tener todas las flaquezas de un hermano menor, y todas las responsabilidades de un hermano mayor” (p. 81).

Pero dentro de este conglomerado sociológico hay un aspecto que Neuman quiere destacar sobre todos los demás: un asunto que se convirtió en el tema principal y más significativo de la literatura universal del siglo veinte y que, por razones estructurales evidentes, parece reivindicar para sí también el grueso de textos de la nueva centuria. Hablamos de la incomunicación. Es un tema antiguo, desde luego, pero nunca hasta ahora había sido tan constante. Hace poco se ha reeditado un clásico, Las tribulaciones del estudiante Törless (1906), de Musil. No es baladí estudiar la evolución del modo en que metaforizar visualmente la distancia insalvable entre uno y el mundo: Musil lo hacía con una precisa imagen del yo como un interior rodeado por una muralla dotada de una sola puerta, donde el cosmos intentaba penetrar por completo y a la vez, sin conseguirlo. La imagen de Neuman, paradigma de la posmodernidad, no es menos precisa y lleva en sí –deliberadamente- toda una Weltanschauung: la definición exterior/interior a través de la ventana; entendido este término en la doble acepción de elemento constructivo y de definición informática de la imagen reducible o ampliable con que se incorporan las imágenes digitales a las pantallas de ordenador. Este modo de acceso oblicuo a la realidad es la base de La vida en las ventanas: “Como verás, voy del patio interior a la pantalla, de las ventanas vecinas a los recuadros de colores de mi ordenador”.

El propio Neuman aparece en la novela como personaje: es el argentino arrogante que escribe una tesis sobre novela argentina (aunque él la hace sobre relato hispanoamericano): un giro posmoderno que hemos podido ver en otras novelas como Spin off (2001) de Salvador Gutiérrez Solís. Y no es el último guiño metaliterario: hay otros dos, uno, el tercer significado del título, que hace referencia (también) a una poética: escribir, como se hace en la página 191 y siguientes, mirando a través de la ventana, como vindicaba recientemente Ricardo Piglia (autor admirado por Neuman y un servidor) en Nombre falso. La tercera aparición de la autorreferencialidad se relaciona con el problema de a quién van dirigidos los e-mails que sustentan el artefacto narrativo. La consideración primaria (una antigua novia de Net) se va diluyendo a partir de menciones salpicadas a lo largo del texto: “En realidad no sé, Marina, si lees una sola de mis cartas. (...) Si estuviera seguro de que estás ahí, al otro lado del vacío, tendría tanto que contarte” (p. 58). Cincuenta páginas después, se pregunta si es “un personaje para la memoria, un espejismo que he inventado para poder hablarle”. Estamos por tanto ante un juego intratextual: en la página 131 el narrador teclea: “en mi anterior carta -¿debo decir capítulo?” y con ello el juego está servido. Cabe preguntarse cuál es el destinatario real de este grueso volumen de correo, de esta memoria en bits que ha superado el formato de archivo de texto; es decir: preguntarse por el verdadero rostro de Marina, por su esencia, por su cualidad de recipendiaria de este hermoso y denso conjunto de miradas que se llama La vida en las ventanas. ¿Quién es Marina?


(crítica publicada en la revista Clarín, nº 39, mayo-junio de 2002)



«El presente está siendo, sin duda, un buen año para Andrés Neuman. Se podría decir que este ha sido el año de su consagración como escritor. Una novela sólida, innovadora, que reflexiona sobre asuntos de actualidad.»
(Salvador Alonso, Ideal)


«En el diseño del personaje y en su desarrollo narrativo, Neuman acredita una insólita destreza. Un buen documento de lo que podríamos entender como un espíritu de época o testimonio generacional.»
(Ricardo Senabre, El Cultural)
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«La melancolía cala hondo por el argumento y por ese tono de un desapasionamiento punzante, dañino en su extrema languidez. Todo conduce hacia ese par de últimas páginas memorables.»
(Gabi Martínez, Qué Leer)


«Andrés Neuman ha conseguido plasmar en esta novela de tema intrascendente, algunos de los asuntos más trascendentes de la literatura contemporánea. Una desoladora parábola sobre la vida contemporánea, escindida entre la virtualidad de lo real y la realidad de lo virtual. Tomen nota: La vida en las ventanas es el primer latido de una obra mayor.»
(Fernando Iwasaki, Renacimiento)


«La vida en las ventanas gustará a los (afortunados) lectores habituales de Neuman por su carácter de variación, tan fresca como coherente, de muchos de los temas y motivos que han alentado algunas de sus anteriores obras.»
(Rebeca Martín, Quimera)


«En La vida en las ventanas, Neuman elabora una voz convincente para su personaje, que le permite expresarse con sencillez y espontaneidad. El tono distanciado e imperturbable de Net refuerza la sensación de angustia que late detrás de las palabras y que cada tanto asoma en una de sus feroces e implacables ironías.»
(Felipe Fernández, La Nación, Argentina)
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«Si en Bariloche ya se pudieron constatar las preferencias de Neuman por la brevedad y la síntesis de ideas, en La vida en las ventanas estas no hacen más que confirmarse. Neuman se la ha jugado y ha salido ileso.»
(Juan Carlos Palma, Mercurio)


«Una fresca propuesta de lectura que se apuntala en la soledad. Una novela de familia, un relato de imágenes. Una bitácora que sin duda repite texto en muchas personas y familias del mundo. No revise ni envíe correos ahora. Lea antes La vida en las ventanas
(Oswaldo Paz y Miño, La Hora, Ecuador)


«Es sorprendente, casi irritante, que un narrador de la juventud de Neuman maneje tan bien sus armas de novelista. Que bucee en la psicología de sus personajes –especialmente los femeninos– con habilidad de navegante. Un mensaje real como la vida misma que se nos transmite con humor, agilidad estilística y grandes dosis de trascendencia y lirismo.»
(Care Santos, Lateral)