Una ruptura conciliadora

Luis Antonio de Villena

 

Nacido en Buenos Aires en 1977 y ahora nacionalizado español y estudiante en Granada, Andrés Neuman ha publicado ya plaquettes y cuentos que le han valido premios juveniles y menores. Métodos de la noche es, realmente, su primer libro de poemas, y si tenemos en cuenta que es la obra de un poeta de veintiún años no podrá dejar de decirse que se trata de un inicio prometedor (el más prometedor de los últimos años), lleno de talento y fulgores.

La última poesía española se halla, en estos años, en una aparente disyuntiva, a estas alturas de la historia literaria francamente necia. Una poética esencialmente realista (la llamada poesía de la experiencia) de gran éxito, grandes logros y mayoritaria este último tiempo, se opone -sin conciliación aparente- a otra poética abstracta (poesía metafisica) que pretende, hasta la extenuación, una poesía de la inteligencia más que de los sentidos.

En medio –sin tránsito-, otro tipo de poesía neosocial que acentúa la denotación, el realismo sucio, o el visionarismo irracionalista de raíz surreal o beat. Aparentemente campos cerrados. Algunos poetas en ambos lados se encastillan en sus posiciones pese a que la lucha está teóricamente desafilada y desgastada. Diríamos que si algo se puede saber de la literatura a finales del siglo veinte (tras las vanguardias, los retornos y la posmodernidad) es que son plausibles y no excluyentes muchas estéticas y varios estilos. ¿Anula Juan Ramón Jiménez a Antonio Machado, o Gil de Biedma al Valente más metafísico? Sin duda no. Importa -y mucho- la calidad, pero no (más allá del gusto personal) la dirección del estilo.

Sin embargo muchos poetas -jóvenes o no- dudan juiciosamente de ese enfrentamiento en las antípodas. ¿Por qué la poesía sólo puede ser realista -en sus diferentes giros- o sólo abstracta, noble, y siempre más difícil de conseguir?

Ya no hay vanguardias. Pero sí cambios, y es que, ¿por qué no será posible otra vía? Mi antología 10 menos 30 intentó ver, en 1996, el inicio de esa búsqueda. Desde entonces el camino ha prosperado: Benjamín Prado, Juan Antonio González Iglesias y bastantes poetas más jóvenes, están en la ruta que busca validar el realismo (porque la voz coloquial y razonante es la más moderna históricamente conseguida por la lírica) y al tiempo -sin contradicción, sin exclusiones- volver a un punto órfico, a la poesía del inconsciente, al mundo turbulento de lo no dicho -o inefable- que es el origen, y en buena medida el caldo de cultivo, de la mejor poesía. Frecuentemente sin cierto misterio, sin cierta oscuridad (que no está reñida con el realismo ni con el coloquialismo) no parece haber sentimiento o sensibilidad poéticos.

Esa unión -esa vía nueva, ahora- ha de lograr poemas nítidos, que pueden calificarse como poemas entendibles, y a la par misteriosos, sugestivos, inquietantes, mezclando la poesía/comunicación con la poesía/conocimiento. Un desarreglo razonado.

Métodos de la noche es un libro que apuesta abierta y francamente por esa senda que concilia e innova. Sus poemas son, a veces, balbuceantes y no redondeados -el poeta se aventura, no tiene miedo- y otras, las mejores, atinados, mezclando el realismo y la magia en el recuento íntimo, interiorizado, de una vida joven, que con sugerido ritmo de música abre el día de la Obertura y lo cierra en los muchos poemas de la noche, como el último que titula el volumen.

Tanteante, Andrés Neuman tiene también momentos espléndidos. Inmaduro, roza la belleza de la inmadurez como categoría y también el acierto estudioso. “Para que alguna cosa resulte necesaria/ hace falta el peligro”. Habla (recorre el día, se sorprende, piensa) desde la beata iluminación de Hölderlin y también desde la básica cordura de Blas de Otero, sin ningún ribete social, si se exceptúa un mendigo.

Sesgos de interiores, metáforas o descripciones esguinzadas, al bies, autorretratos críticos, planteamientos sobre el yo y el silencio, sobre la angustia y la calma, el insomnio y la belleza, Métodos de la noche es la descripción de un alma joven que acepta el riesgo y llega a asumir la incertidumbre.

Algunos poemas son sólo bocetos (pese al sentido unitario del libro), pero otros más (Panorama, Autorretrato, Ropajes, De cómo aguardar la noche, El gran arte) alcanzan el aliento de lo genuinamente poético, de la mejor poesía joven, con reflexión, estudio, brillo y sugestiones inquietantes. Métodos de la noche es un buen primer libro renovador. Andrés Neuman, a sus veintiún años, el poeta en el que ahora cabe poner (y con causa) las esperanzas mayores. Hay que leerlo.


(El Mundo, 23 de enero de 1999)




«Neuman consigue efectos verbales sorprendentes –no ajenos a la experiencia lectora de la vanguardia histórica-, especula con una imaginación libre que a menudo le regala aciertos muy plausibles, y sabe aprovechar ventajosamente la conciencia distanciada de la propia lengua que proporciona el dominio del doble registro argentino y español.»
(Francisco Díaz de Catro, Diario de Mallorca)


«Libro ordenado en clave musical y en el que movimientos y sonidos encuentran correspondencia de sentimientos en luces simbólicas: preludio y andante, alba, sol, la mañana; lento e intermezzo, tarde y crepúsculo; grave, la noche. Los románticos John Keats y José de Espronceda y el nocturno y suicida Silva se dan cita -no a ciegas.»
(Juan Cobos Wilkins, Babelia, El País)


«El propósito de los poetas vanguardistas consistía en hilar los cambios de naturaleza y la visión descoyuntada, moderna; en los textos de Neuman, sin embargo, se ofrecen soluciones diferentes: el apunte irónico y la mirada nostálgica. Uno de los aspectos más originales de este libro lo constituye, sin duda, esa especial metaliteratura que rompe las heridas del silencio y convierte los instantes de la aventura crepuscular en difíciles ejercicios de creación.»
(José María Barrera, Abc Cultural)